Las flores de lilium eran una tradición entre nosotros, en cada fecha especial me regalaba una de su jardín. Nunca faltaron en mis cumpleaños, ni en los suyos, tampoco el día de mi graduación, él decía que le recordaban a mí, por eso las cultivaba, y ahora me es imposible verlas sin que los sentimientos vuelvan a salir a flote. Recuerdo su risa, las caricias íntimas que compartíamos y nuestros planes luego de que yo terminara la universidad, pero ahora todo eso ha perdido importancia. Desde el funeral de mi novio no he podido ser la misma, me es difícil asimilarlo, incluso ahora, parada frente a su tumba, me es tan irreal, la tristeza y el dolor comprimían mi corazón, me sentía como si hubiera perdido una parte de mí misma.
Los recuerdos me abruman cuando dejo caer la última flor viva de su amado jardín en la fría lápida de cemento.No pude mantenerlo vivo, pareciera que las flores hubieran percibido su ausencia y decidido morir con él. Mis ojos viajan por inercia a la dedicatoria y la leo una vez más.
—Naomi, vámonos — Las cálidas manos de mi madre me sostuvieron desde los hombros, sacándome de mi breve escape mental. Asentí, poniéndome de pie—. Ya han pasado tres meses, mi amor. No puedes seguir así, a él no le hubiera gustado.
— Lo extraño mucho, mamá.
— Lo sé. Todos lo hacemos— Me dijo, entrando al auto.
Me limité a mirar por la ventanilla, buscando una respuesta. Aún no comprendía cómo había pasado el accidente, todos los que lo conocíamos sabíamos que no sería capaz de suicidarse, él no tomaría nunca una decisión así, nunca desaparecería de ese modo, llevaba tres días fuera de casa, sin dar señales, sin siquiera comunicarse con nosotros y cuando la policía tocó la puerta de sus padres informándoles que encontraron a un chico en el pueblo vecino con su descripción,todos nos asustamos, rogamos internamente que no fuera él, pero al verlo, no había dudas, era mi novio.
Luego de eso cerraron el caso, porque concluyeron que fue un suicidio, según ellos Jeremy se había disparado, el arma tenía sus huellas, al igual que toda la habitación, no había indicios de que alguien más estuviera con él y a falta de evidencias, todo quedó ahí, pero yo aún me negaba a creerlo.
Trataba constantemente de encontrar un rostro en mi cabeza, alguien que quisiera muerto a mi novio, pero no encontraba a nadie. Jeremy era un chico que no se metía en problemas, ayudaba al que podía, no bebía en bares, ni tampoco estabametido en drogas, era amable con todos. ¿Quién lo querría muerto?
— Naomi, ya llegamos— Me anunció mi madre, mirándome desde el espejo retrovisor. Abrí la puerta y bajé, mi hermana pequeña me recibió, saltando encima de mí.
— Hola, Nao.
— Luci, te he dicho que no me brinques encima. Ya empiezas a pesar— La regañé, acomodándola mejor en mis brazos por mi comodidad, mientras caminábamos hacia la casa. Mi hermana pequeña salió disparada a donde estaba mi padre trabajando con sus herramientas, le he dicho a mamá que esa niña terminará siendo la segundaarquitecta de la familia, pero no me cree.
— Hola, Nao— Me saludó mi padre, restaurando la encimera de la cocina — Hay café en la cafetera por si quieres un poco.
— ¿Cómo vas con eso? — pregunté con diversión, sirviendo una taza de café. El sabor amargo inundó mi paladar, haciendo una mueca por lo desagradable que era, había olvidado el problema que tiene mi papá con la azúcar.
— Ya casi termino.— Respondió, dándole los toques finales — ¿Ya hiciste tus maletas?
Yo asentí, echándole una cucharada de azúcar a mi café.
— Sí, me faltan algunas cosas, pero lo principal ya está.
— ¿Estás segura de volver a la ciudad? No me molesta tenerte aquí, Nao.
— Papá no puedo quedarme por más tiempo, necesito volver a centrarme... Y estar aquí me recuerda demasiado a él— Le expliqué — Necesito volver a mi vida normal, si me quedo aquí no superaré nunca su muerte. Además, Saher irá conmigo ¿Recuerdas?
Mi papá suspiró, enderezando su espalda y pidiéndole a mi hermana que lo ayudara a guardar las herramientas.
— Te amo, Nao. Recuerda eso siempre.
— Lo sé, papá— Sabía lo mucho que le costaba a mi padre mostrar afecto con nosotros, pero lo intentaba de vez en cuando, y eso significaba mucho para mí — No voy a intentar nada, si eso es lo que te preocupa.
— Me preocupan muchas cosas, Nao. Si en algún momento te sientes mal, llámanos o escríbele a tu hermano... o vuelve a casa.
— Papá, estaré bien, en serio. No tienes que preocuparse por mí— Repetí una vez más — Los llamaré todos los días si eso te mantiene tranquilo.
Eso pareció tranquilizarlo más, y después de un rato de plática subí a mi habitación para terminar de recoger mi ropa. Al principio no traje mucho, vine cuando me avisaron que Jeremy no aparecía y cuando pasó lo que pasó tuvieron que ir a buscar el resto de mi ropa, porque me puse mal, Saher y yo pausamos el semestre. Ninguna de las dos estaba bien mentalmente, ni tampoco físicamente, pero ya habíamos decidido seguir con nuestra vida, tal y como él hubiera querido.
— ¿Nao, puedo pasar? — Luci asomó la cabeza en la puerta entreabierta de mi habitación, la sonrisa en su rostro, el balanceo constante de sus pies y sus brazos cruzados detrás de su espalda me decían que aunque le dijera que no, igual invadiría mi espacio.
— Adelante.
La niña entró, dando pasos largos hasta la cama en la que se sentó, sus ojos estaban clavados en las maletas esparcidas por el piso, su nariz se arrugó y sus labios se fruncieron cómicamente. Yo la miraba desde abajo, sentada en el suelo alfombrado.
— ¿Por qué tienes que irte? — Sus grandes ojos miel me analizaban, esperando ansiosa una respuesta.
— Porque tengo que estudiar, Luci.
— ¿Tendré que esperar mucho tiempo para verte de nuevo?
— No, vendré en unos meses — Contesté, terminando de cerrar la última maleta.
— ¿Cuánto es eso exactamente? — Preguntó, cruzándose de brazos — Unos meses pueden ser mucho tiempo.
— Ven — La llamé, abriendo mis brazos para que se sentara en el espacio de mis piernas.— Tengo que arreglar unas cosas en la ciudad, pero te prometo que estaré de vuelta antes de Navidad y mientras tanto, quiero que tú te dediques a tus estudios. Si sacas buenas notas, quizás en tu cumpleaños recibas esa mascota que tanto quieres.
— ¿De verdad? — La emoción en sus ojos era reconfortante — Pero mamá dijo que no.
— Bueno, podemos persuadirla. ¿Tenemos un trato?— Le extendí la mano y ella con gusto la tomó.
— Trato hecho.
— Bien. Ahora, señorita, tengo una llamada que hacer— Empecé a hablar, pero ella me interrumpió rotundamente, negando con la cabeza.
— No, no, puedes hacerlo más tarde. Te vas en tres horas y antes quiero que me peines— Me exigió, inclinándose más en mí— Hazme las trenzas antes de que te vayas. Mamá no sabe hacerlas.
Ante la petición y sus manipuladores ojos de cachorro, accedí, pidiéndole que buscara el peine, la crema de peinar y el gel. Su pelo había crecido considerablemente los últimos meses, el romero que he estado echando en su pelo, más los tratamientos que le compré, han mejorado mucho el estado de su pelo rizado, luce mucho más vivo que antes y admito que le he pegado mi manía por mantenerlo lo más perfecto posible.
Cuando ya estamos listas para comenzar, me aseguro de que su cabello esté desenredado para dividir sin tantos problemas el cabello e inicio desde abajo, cogiendo pequeñas secciones de cabello y trenzándolas cuidadosamente, repito este proceso hasta que llego a la mitad de su cabeza y paramos. Mis manos ya estaban cansadas, al igual que mi trasero, aun así, la niña tenía bastante prisa en terminar, así que seguimos hasta que todas las trenzas estaban hechas. Se miró al espejo y sonrió, moviendo de un lado a otro su cabello trenzado.
— ¿Te gustan? — Le pregunté, recogiendo las cosas, aunque ya sabía la respuesta. Era más que obvia.
— Obvio. Gracias, gracias— Gimoteó, manteniendo esa sonrisa contagiosa quetenía.— ¿Me duraran?
Yo asentí.
— Sí, pero tienes que aprender a cuidarlas — Le dije — Escucha atentamente lo que te voy a decir. Tienes que dormir con el gorro de satín todas las noches para que no se te dañen tan rápido, si lo haces te durarán unos cuantos días, quizás más de una semana, lo que sería un milagro tratándose de ti.
— ¿Qué me quieres decir con eso? — Se mostró verdaderamente indignada.
— Luci, brincas mucho. El sudor y el sucio harán que te las quites pronto, porque no aguantarás la picazón.
— Me las lavaré.
Suspiré.
— Eres igual de terca que mamá. Cuando te las sueltes échate el tratamientoque te di la semana pasada y no te laves el pelo con ningún shampoo que no sea de manzanilla.
— ¿Por qué?
— Porque hay algunos shampoos que tienen componentes que oscurecen el cabello. La manzanilla ayuda a que tu color castaño claro y tus reflejos rubios se mantengan, recuerda también echarte el agua de romero, te ayudará con el crecimiento y ahora que tienes las trenzas, es un buen momento para usarlo. Aplícatelo todas las mañanas, por todo el cabello — Le expliqué, detallando lo mejor que podía cada cosa— No abuses con el aceite y no apliques demasiada crema a tu cabello ¿Ok?
— Sí, ummm, ¿Qué pasa si no me acuerdo de todo? Tener el cabello rizado es difícil, lindo, pero difícil, Nao— Se quejó, haciéndome reír— No te rías, es en serio. La que lidia con mi cabello eres tu ¿Y si hago algo mal y se me cae? Quedaré calva.
— No quedarás calva, dramática, solo tendrás una mala definición.
— Peor — Chilló — Tendré mis rizos mal hechos.
— Luci, sabes hacértelos. Te dejaré un gorro que no he usado y una moña de satín para que las uses ¿Ok?— Ella asintió y yo continué — Tienes también dos atomizadores: Uno con agua para aplicarte cuando te vayas a definir el cabello y otro con el romero. Es fácil, ya te expliqué cómo hacerlo.
— Pero necesito ayuda. Mamá no sabe lidiar con mi cabello. ¿Cómo aprendistetú?
— Una amiga que conocí en la ciudad— Contesté, mientras miraba la hora en mi celular— Y la charla terminará aquí, potro salvaje. Tengo un vuelo que tomar y hemos estado hablando por casi dos horas.
—¿No puedes quedarte un rato más?
— No — Le respondí, abrazándola con fuerza.
— Te voy a extrañar mucho, potro salvaje.
—Y yo a ti, Nao. Por favor, cuídate mucho— Me rompía el alma ver a mi hermanita llorar, pero no podía quedarme más tiempo— Llámanos cuando puedas.
— Los llamaré todos los días — Le dije, despegándome de ella para verla a los ojos— Y tú puedes llamarme cada vez que tengas una crisis de peinado o para charlar si lo necesitas.
— ¿A cualquier hora?
— A cualquier hora y las veces que quieras — Acepté, levantándome para bajar mis maletas y luego volver a subir para darme una ducha rápida antes de salir.
Al bajar, ya Saher me estaba esperando en la sala junto con el resto de la familia, incluidos mis suegros. Mi mejor amiga y yo nos despedimos de todos entre abrazos y lágrimas; papá ayudó a subir las maletas en el auto y mis suegros manejaron hasta el aeropuerto. La sensación de irme de casa después de haber pasado meses aquí era igual a cuando me fui la primera vez, los nervios y las múltiples emociones al subir al avión nos invadían a ambas. Esta vez no volveríamos con Jeremy, lo haríamos solas, el departamento que compartíamos los tres se sentirá extraño sin él, pero con el tiempo aprenderemos a vivir con eso, solo tenemos que aprender a hacerlo.
— ¿Estás segura de esto, Nao? — la voz de mi mejor amiga se oía suave, demasiado suave, juraría que la pregunta, aun cuando dijo mi nombre, no iba dirigida a mí, pero yo contesté, uniendo su mano con la mía y apretándola con delicadeza.
— Ya es hora de volver a la realidad, las dos juntas.
Saher guardó silencio y bajamos del avión. En el aeropuerto nos esperaban nuestros amigos más cercanos, la felicidad desbordaba de mi cuerpo, los extrañé tantoy hasta ahora me doy cuenta, estaba tan metida en mi dolor que no me permitía pensar en nada que no fuera la muerte tan repentina de Jeremy y la depresión de mi amiga.
Dejar el pueblo y volver a mi vida en la ciudad quizás no haya sido una idea demasiado precipitada, quizás fue lo correcto. La conversación con los chicos parecía ser infinita, había tantas cosas que nos habíamos perdido los últimos meses, nos pusieron al día de todo e incluso cuando nos dejaron en la entrada de nuestro edificio sin darnos cuenta, los minutos prácticamente volaron estando con ellos. Acordamos reunirnos mañana, en la cafetería de siempre para charlas un rato más y tocar un tema delicado.