Tener a Saher durmiendo junto a mí es un sueño hecho realidad. No puedo evitar tirar de su cuerpo para pegarlo más al mío, su calor es reconfortante, me llena de paz y hace que mi corazón lata con intensidad; su lenta respiración en mi cuello, sus manos aferradas a mi cintura y el olor de su cabello en mi nariz son algo que quiero conservar toda la vida. Me preocupé al verla tan alterada, despertó mis nervios, pero también despertó mi felicidad, sabía que buscaría consuelo en mis brazos tarde o temprano, siempre es así, siempre me busca, y no puedo estar más complacida.
Disfruto de cada facción que adorna su rostro, retrocediendo para tener una mejor vista de él; apartó uno de sus mechones castaños y lo colocó detrás de su oreja para ver esas pestañas largas, esa nariz perfilada y esos labios rosados, perfectos ante mis ojos; su piel trigueña contrasta con la mía, la mezcla de ambas pieles es simplemente hermosa, es un verdadero deleite para la vista.
Estar lejos de ella por seis meses me estaba volviendo loca, quería ir y traerla conmigo, pero me lo impidieron.
Mi mente me atormentaba con miles de escenarios en los que estaba expuesta a chicos que no dudarían en intentar algo con ella, me hervía la sangre, las pastillas ya no tenían efecto en mí, perdí el control un puñado de veces en solo tres meses.
No podía soportar la idea de alguien más tocándola, los celos eran recurrentes, incluso sin saber bien cómo, me encontraba muchas veces llorando por la ansiedad, la paranoia, me aterraba sentir esa parte que odio de mí, querer aprovecharse de mi vulnerabilidad y tomar el control. Odio a esa Kasia... ella es cruel, es todo lo malo que intento mantener oculto, muy lejos de Saher, porque no quiero hacerle daño, me aterra lastimarla.
Las manos de Saher dejan mi cintura y su espalda se pega a la cama, la escucho respirar y veo su mano tapar sus ojos. Sigo el ritmo de su respiración, y aunque es constante, sigue estando alterada. Demasiado fuerte y rápida para ser normal.
— Sahy — Disfruto cada letra de su nombre en mi boca, las abrazo con cariño y adoración mientras noto cómo sus ojos verdosos me ven fijamente, una linda combinación entre el marrón y un verde claro. Mis labios se alzan en una sonrisa, acariciando cuidadosamente con las yemas de mis dedos el costado de su cara; restos de lágrimas manchan sus pómulos, dejando un rastro que baja por el límite de su cara— ¿Cómo te sientes? —Pregunto en un susurro, casi como si fuera un secreto entre ella y yo.
Se toma su tiempo en responder y, ni siquiera me molesta. Soy feliz con cada segundo en que su atención es puesta en mí.
— Yo... yo no sé cómo me siento — Su voz se quiebra en el corto camino de su garganta hasta sus labios, girando su cuerpo en la cama para quedar apoyada en un solo brazo.
— Está bien sentirte así... confusa — Enrollo mis manos de nuevo en su cintura, acortando la distancia milimétrica entre nosotras otra vez — Han sido muchas emociones en un lapso tan corto de tiempo. Lamento... lamento lo de Alfred, sé lo mucho que llegaste a quererlo — El ardor en la boca del estómago se hace presente, hasta su mención es desagradable para mí, tengo que hacer un verdadero esfuerzo para que su nombre no salga como un insulto de mis labios. Ese chico era desagradable en todos los sentidos, era... no merecía a Saher, ella necesita a alguien mejor. Ni siquiera tenía los recursos para darle la vida que ella se merece.
—No tienes que lamentarlo. No fue tu culpa — Murmuró, bajando la mirada.
— De todas formas, lo hago. — Confesé. No precisamente con el hecho de que lamentaba la muerte de ese estorbo, en realidad disfrutaba no tener que ver o escuchar sus conversaciones entusiastas sobre mi Saher con el resto del grupo. Lo único que quería cada vez que abría su boca era estrangularlo, no lo soportaba, pero era buena para disimularlo, eso nunca ha sido un problema — Me preocupo por ti.
Fue un esfuerzo demasiado grande besarla en la frente sin desviarme a sus labios. Sin embargo, lo hice, reprimí el impulso por su bien. Es muy apresurado hacer ese movimiento cuando ella aún no está bien.
— Gracias... Por estar aquí.
— No tienes que agradecer, lo hago porque quiero — Finalicé, dando el tema por terminado. Me senté en la cama y golpeé una de sus piernas con pequeños toques para que se levantara — Ahora, Sahy, los demás quieren verte. Están muy preocupados por ti también.
Nos levantamos y caminamos hasta la sala de estar en silencio, los chicos nos esperaban sentados en los muebles, sumergidos en una conversación que murió en cuanto entramos. Mi ceja se levanta y mi rostro adquiere un aire de seriedad, cruzo mis brazos y me recuesto en el pequeño librero que tengo a un lado, estudiando las expresiones de cada uno en la pequeña habitación, esperando que alguien tome la palabra; Naomi se levanta para cederle el puesto a la castaña por la falta de espacio y es la primera en hablar, captando mi atención al instante.
— ¿Cómo te sientes? — Naomi se apoyó en el brazo del sillón y rodeó con el brazo sus hombros, pegándola a ella. Mantuve los ojos fijos en mis uñas, serena, escuchando la interacción en silencio, porque parecía que la rizada estaba a punto de sufrir un colapso mental por no saber la condición actual de su amiga — ¿Quieres tomar algo para relajarte? ¿Ya estás más tranquila? ¿Quieres ir a casa y hablar? ¿Podemos ir si quieres?
— Nao, estoy bien. Respira, estás hablando muy rápido — Exclamó con calma mientras una pequeña sonrisa se dibujaba en su cara.
— ¿Si? Ay, lo siento. No puedo evitarlo — Se disculpó, pausando un poco más entre cada palabra.
— Lo sé, pero ya. No pienso hacer una escena sentimental en público, menos con todos estos burlones... ¿Podemos dejar morir el tema ahí, por favor?
La rizada asintió de inmediato.
— Si, si. No hay necesidad de escuchar los detalles de todos modos — Estuvo de acuerdo, diciendo la última parte más para nosotros que para la castaña a su lado, de todos modos, no hubo objeciones, al parecer nadie quería entrar en detalles, aunque... yo sí quería contarlos, me emocionaba describir gráficamente los hechos guardados en mi cabeza en formatos parecidos a las fotografías.
Mi corazón saltaba eufóricamente en mi pecho al recordar ese pequeño brillo vital dejar los ojos de ese chico, se suponía que solo iría por él, pero Dalton vio cuando elevé el cuchillo y corté sin ningún esfuerzo la parte derecha de su cara, una verdadera pena, era bueno en lo que hacía; la suerte no estuvo de su lado esa tarde aparentemente.
Balanceé en el aire el cuchillo, admirando el filo brillar con las luces que se reflejaban en su superficie, tan ligero, filoso y letal, un arma preciosa. Fue lindo escuchar a Alfred gritando de agonía mientras me encargaba de Dalton; el olor de la sangre danzaba en mi nariz, y lo amaba tanto, viajaba por mis fosas nasales y por mi garganta hasta finalmente llegar a mi lengua; casi jadeo por el intenso sabor metálico y amargo que golpeaba a mis papilas gustativas, era mucho mejor que la cocaína, me activaba, me motivaba, me hacía sentir tan viva que quería más mucho más.
Dalton luchó, tengo que reconocer eso. Peleó como un guerrero hasta el final y me demostró que era realmente un hombre, pero debió esforzarse un poco más... o quizás un poco menos; su lucha solo despertó algo intenso y muy primitivo dentro de mí.
La necesidad de jugar, cortar y matar se hizo presente, se me exigía hacerlo tanto como respirar. El lugar en el que estábamos se convirtió en mi patio de juegos, uno en el que deseaba divertirme.
Brinqué, gemí, corrí, caminé, me tomé la libertad de explorar mi entorno con tranquilidad, no había gente a kilómetros, incluso si hubiera alguien por ahí a tan altas horas de la noche, no sería problema. Quería usar adecuadamente mis juguetes, añoraba romperlos, llegar a ese punto en el que la vida y la muerte se entrelazaban en mis víctimas, clavando sus dulces espinas en sus almas para reclamarlas eternamente en un abrazo frío y mortal, cubriéndolos en su manto oscuro y silencioso. Cuando la sangre se terminó de filtrar por sus venas, una respiración descuidada y susurrante fue lo último que me permití disfrutar antes de que todo acabara.
Tuve que respirar con lentitud para poder bajar de esa nube espesa de excitación en la que había subido sin darme cuenta.
Me atreví a degustar la hoja de mi cuchillo, cortando la superficie de mi lengua en el proceso y gemí de gusto por la combinación de sabores. Esto era arte, uno en el que me permitía dejar la perfección a un lado y ser desastrosa. Aprecié la sangre en el suelo, antes de sacar mi cámara y tomar una foto de la escena para conservar el recuerdo. Otro nuevo secreto para mi diario y otro recuerdo para mi memoria.
— ¿Kasia, estás escuchando? —Parpadeé, concentrándome en el cuerpo de la chica pelirosada más pequeña que me miraba cómicamente. No era la primera vez que me perdía de ese modo en mis propias fantasías, de hecho, ocurría seguido.
— Déjala, Darla — El ánimo de Saher acarició con dulzura mis oídos, haciéndome levantar la vista para admirarla con calidez — Es normal que Kas esté en su propio mundo — Caminó hacia mí, extendiendo sus brazos para sostenerme de la cintura. Disfruté la sensación de su tacto sobre mi cuerpo, sus dedos alcanzaron mis cabellos, acariciándolos desde el cuero cabelludo. Esto era el paraíso, no hay ni habrá nada mejor.
— Me conoces tan bien, Sahy— Murmuré, inclinándome más a su toque.
— Por algo somos amigas, ¿no? Te la pasas soñando despierta — Su declaración dolió. Era doloroso cada vez que usaba ese término conmigo. No quería ser solo su amiga — ¿Kasia?
Asentí, manteniendo mis labios estirados y alejándome de ella.
— Te escucho — Me limité a decir, concentrándome en mi celular.
— Bueno, si estás escuchando, contesta la pregunta.
— ¿Qué pregunta?
— Te dije que no nos estaba prestando atención — Scarlett bufó, rodando los ojos.
— Repítelo entonces— Intervino con fastidio, Darla.
— Repítelo tú.
— ¡Ay ya! Kasia, las chicas te estaban preguntando si querías unirte a la pijamada que se les acaba de ocurrir — Me dijo la castaña, esperanzada. No tuve necesidad de pensarlo, mi respuesta iba a ser un rotundo no, pero Saher lo notó antes de que las palabras dejaran mi boca — Por favor. Hace seis meses que no nos vemos, tengo que ponerme al día contigo.
Casi acepto su propuesta, pero recordé que aún estaba en observación. No podía quedarme, aunque quisiera.
— No puedo, Saher. Yo... todavía estoy algo enferma y odiaría contagiarte. Lo siento — Me disculpé, echándole un vistazo a mi celular — Podremos ponernos al día en otro momento... Ummm, tengo que irme ya. Mi chófer me está esperando.
— Ok — Respondió un poco decepcionada — ¿Me avisarás cuando llegues?
— Claro — Escuché el auto estacionarse en la entrada, seguido de la corneta. Era mi señal para irme, así que me acerqué a los chicos y me despedí de cada uno, hasta llegar a Saher; besé su coronilla y me fui tan rápido como me fue posible. Me había ganado muchos problemas gracias a esta pequeña escapada. Mi tío no estará contento, y sospecho que mis hermanas tampoco.