Naomi

Paso por la sala y doblo hasta la cocina escuchando el televisor de fondo. Desde el rabillo del ojo veo el cabello trenzado de Kody y el cintillo de perlas doradas de Saher.

El sonido se amplifica en mis oídos, haciéndolos retumbar, la luz golpea mis ojos, aumentando el horrible dolor de cabeza que siento en estos momentos, ¿No sé ni por qué me sorprendo? Mi cuerpo está tan acostumbrado al café que cuando no lo tomo, los dolores de cabeza llegan.

Preparo una taza de café, aprovechando que hay agua caliente en la estufa por el té que se preparó una de las chicas hace poco, y cuando el olor de ese polvo marrón inunda mi nariz al sacarlo del empaque, me relajo casi al instante. Doy un largo sorbo y permito que el líquido caliente baje con lentitud por mi garganta, dejando destellos de sabor en mi lengua.

— Súbele un poco más— Escucho la voz de fondo, alarmada. Me doy vuelta y camino, saliendo del área de la cocina para estar frente al televisor de la sala. La cabeza y los oídos aún me retumban, pero no me impiden oír lo que dice la presentadora.

— ¿Vas a ver noticias, Kody? — Preguntó, con la voz aún apagada por el sueño que acabo de dejar ir.

— Ha pasado algo, Nao — Dice con notable preocupación, subiéndole un poco más al sonido.

Hoy, han encontrado en horas de la mañana los cuerpos de dos jóvenes universitarios, asesinados brutalmente y convertidos en estatuas que fueron exhibidas a las afueras de un edificio abandonado en el centro de la ciudad. Según las primeras investigaciones, parece haber más de 3 partes que no coinciden con el resto de los cuerpos de las víctimas

Me detuve un momento, con el café estancado en la garganta. El asco me invadió de golpe al imaginarme lo que la mujer en la pantalla decía, y un escalofrío me atravesó el cuerpo con rudeza, casi haciéndome estremecer en mi lugar. La presentadora del noticiero continuó hablando, añadiendo mucha más tensión de la que ya había

 La policía está tratando de identificar todas las partes de las víctimas para poder dar con la captura del responsable de estos crueles asesinatos. Según las autoridades, el modus operandi coincide con el de una asesina serial conocida como "La Escultora", quien ha sido responsable de una serie de asesinatos similares en el resto del país en los últimos años.

Hizo una pausa, antes de seguir.

Por el momento, se les pide a todos los ciudadanos que estén atentos, y que reporten cualquier información que pueda ser útil para las autoridades.

— Otro asesinato — El miedo brotó de los labios de Scarlett, con la voz tambaleante y sus ojos muy abiertos mirando el suelo — ¿Cuándo terminará esto?

Entrecerré los ojos, dejando la taza en la mesa cercana para caminar hasta los chicos, parándome justo detrás del sillón blanco, apoyé mis manos en el cabecero e incliné mi cuerpo al frente, mirando a todos en pequeños periodos de tiempo.

— ¿A qué te refieres con otro? ¿Ya ha pasado antes? — Kody asintió, aclarando su garganta para hablar.

— Cuando se fueron por lo de Jeremy, empezaron a suceder cosas en la ciudad. Al parecer una asesina apareció después de estar un tiempo sin dar señales de vida. Claro que, no estaban seguros completamente de que se tratara de La escultora, pero con estas dos muertes lo han terminado de confirmar — Nos explicó a Saher y a mí, apagando el televisor— Ya van siete personas en los últimos cinco meses.

— Espera, ¿Una asesina serial volvió después de años? — Saher repitió lo que el moreno de trenzas había dicho, ahora en forma de pregunta.

— Si, una asesina serial — Respondió él, su rostro estaba tenso, al igual que el resto de su cuerpo. — La policía no ha podido encontrar ninguna pista sobre su identidad, pero por el modo en que mata a sus víctimas, han determinado que es ella.

— Esta noticia no es nueva — La castaña al lado del chico, habló, aparentemente recomponiéndose — Ya han estado hablando de eso en la universidad — Suspiró, pellizcando el puente de su nariz — Si esto sigue así, papá me pedirá que vuelva al pueblo.

Esas palabras me hicieron caer en cuenta de ese pequeño detalle. Si esto sigue así, también me vería obligada a volver con mis padres, Saher igual. Los suyos no la dejarían sola en la ciudad, no después de lo que pasó en casa — "Es solo un asesinato... uno muy horrible"— Quería creer fielmente en las palabras de mi cabeza para no caer en el mar de mis pensamientos. La gente muere todos los días, hay miles de locos sueltos por ahí, matando a personas, tal vez sea solo una coincidencia; tal vez solo sea cuestión de tiempo para que todo vuelva a la normalidad.

— Pero, ¿Por qué volver a aparecer? — Odié la curiosidad de Saher tanto como la mía, porque yo también me hacía esa pregunta en silencio.

Me encogí de hombros, retomando el rumbo hacia la cocina para preparar algo de comer. Asesina o no, no permitiré que me quite el hambre. No pienso acumular mis esfuerzos en una respuesta que, sinceramente, no es de mi incumbencia.

— No lo sé, y tampoco quiero saberlo — Estuve de acuerdo con la prudencia de mi amiga — Mientras más alejados estemos de todo eso, mejor. No quiero terminar como ellos.

— Ni yo — Participé en la conversación nuevamente, viendo la hora en mi celular y, ya empezaba a hacerse tarde.

Scarlett y Kody deberían irse antes de que oscurezca aún más, pero no sería yo la que lo dijera. Me incomoda la idea de hacerlos pensar que los estaba echando.— Me gustan de lejos, cuando son ficticios y no pueden hacerme daño físico.

Saher sonrió, apoyando mi comentario, al igual que la otra castaña. En segundos, cambiamos drásticamente la conversación a una menos incómoda y más fantasiosa, en donde el foco principal estaba en nuestros amores platónicos de moral cuestionable y cordura torcida.

Kody aprovechó para llamarnos raras más de una vez por lo emocionadas que nos ponía el nuevo tema, y es que, ¿A quién no le emociona hablar de su amor platónico, cuando es un galán de metro ochenta, fuerte y acuerpado que no dudaría en matar a alguien solo por ti? Bueno, he de admitir que por ahí hay unas cuantas mujeres que me harían replantear mi sexualidad si pudiera salir con ellas.

La amiga de Super Girl es una, y quizás una vampira rubia, antipática y amante de los autos sería otra, pero eso es una conversación muy extensa para tenerla con ellos aquí, en este momento. No dañaría el ambiente con mis dudas enclosetadas, porque, francamente, ni yo quiero sumergirme en esas aguas que había dejado atrás en el instante en que Jeremy y yo comenzamos a darnos una oportunidad. En esa época, mis dudas eran mucho mayores, pero él me ayudó a disiparlas casi por completo.

— ¿Más café, Nao? — Las chicas preguntaron al notar que me llevaba la cuarta taza del día a mis labios. Yo asentí, disfrutando del sabor dulzón en mi lengua. Me había pasado un poco con la azúcar esta vez, pero estaba bien, necesitaba algo dulce para contrarrestar el amargor que de vez en cuando se sentía en mi boca.

— Esta es la última taza, lo prometo.

Saher, refunfuñó.

— Querrás decir, que es la última taza, porque ya te acabaste el café — Rodé los ojos ante sus palabras. Era cierto, pero no tenía por qué aclarar el motivo.— Y no harás más hasta mañana. Estoy segura de que demasiada cafeína le hace daño a tu cuerpo.

— Ummm, déjalo. Soy feliz así — Le resté importancia, sirviendo el primer plato de pasta — ¿Ustedes dos se quedarán? Ya es muy tarde — Me dirigí a Scarlett y Kody, mirando distraídamente la olla humeante con el resto de la comida. Creo que se me fue la mano con ella, hice más de la cuenta.

— De hecho, nos iremos más o menos en media hora. Elliot vendrá a recogernos — Fruncí mis labios al escuchar su nombre. Era una suerte que estuviera de espaldas, si no me ganaría unas cuantas preguntas por parte de la castaña, que para ser sincera, no estaba en posición de responder.

— Ummm — Respondí sin despegar mis labios, el sonido salió poco entusiasta y, la verdad, no quería ni siquiera verlo aquí por el susto que me hizo pasar la semana pasada, luego de pintar el apartamento. Me ha hecho correr con él en una moto después de una pelea que tuvo con un sujeto que le debía dinero; sentí mi vida peligrar cuando los sonidos de disparos inundaron mis oídos, sentía el corazón a punto de salirse por mi garganta en cualquier momento.

Le prometí no contar nada y, para ser honesta, ¿Cómo podría contar algo así nada más porque sí? Estaría mal de la cabeza o muy ebria si lo hiciera. Además, no sería capaz de preocupar a Scarlett, mucho menos a Saher, así que, ¿Qué otra opción tenía? Ninguna. Mi error fue aceptar acompañarlo a hacer unas compras, pero, ¿Cómo iba a saberlo? No sales por la calle con el pensamiento de que un hombre te perseguirá con una pistola en las manos dispuesto a matarte.

Aunque, como dice mi padre: De cada error se aprende, y sin dudas, he aprendido muy bien de este. Todo lo que involucre salir a solas con Elliot ha quedado tachado dentro de mi cabeza con un resaltador rojo para no pasarlo por alto nunca más en el resto de mi existencia.

— ¿Nao? ¿Nos estás escuchando? — Resoplé en silencio ante el llamado, moviendo con descuido mi cabeza, sostenida por la palma de mi mano sobre la mesa.

En realidad, no estaba escuchando, no sabía lo que habían dicho, ni tenía interés en saberlo. Como cosa rara, los ojos me ardían. Quizás la falta de sueño me está afectando o... quizás el café ha tenido el efecto contrario en mi sistema, porque en vez de quitarme el sueño, muero por acostarme en mi cama ahora mismo y dormir como un oso en pleno invierno.

— Disculpen — Murmuré, despegando mis codos de la mesa y enderezando mi espalda, mis brazos se fueron hacia atrás, estirándolos — Milagrosamente estoy exhausta. ¿Elliot tardará mucho en llegar? No quiero dejarlos aquí e irme a dormir.

Mis ojos viajaron entre Kody y Scarlett, rogando en mi interior que me confirmaran que el boxeador estaba cerca del departamento. No quería que el sueño se me escapara de las manos, no sabiendo lo mucho que me costaba dormir.

— Puedes irte a la cama, Nao — Me dijo el moreno de trenzas, despreocupado, incluso haciendo un ademán con la mano para que me fuera.


— Si, sabemos lo mucho que te cuesta dormir — La castaña estuvo de acuerdo también, rodeando la mesa para tomarme de los hombros en un abrazo — Anda, Elliot no debe tardar en llegar. Me dijo que estaba a unas pocas cuadras.

La miré en silencio, asintiendo con una ligera sonrisa, una casi fantasmal. Me acerqué a Kody y lo abracé, despidiéndome de él. Pasé junto a Saher, dedicándole una corta mirada antes de caminar por el pasillo hasta mi cuarto, cerré la puerta con suavidad y me tiré de frente en el mullido colchón.

Las sabanas de algodón me recibieron, haciéndome casi caer en la inconsciencia al instante en que mi piel las tocó. Miré por un breve momento mi celular, mandándole un último mensaje a mi hermana, y con eso, no di para más. Dejé que el sueño me llevara.

— ¡Nao, vamos a jugar! — Me giré junto con mi caballo. El barro hundía mis botas en el suelo, y cada paso era más resbaloso que el anterior; los árboles se elevaban con majestuosidad, sus troncos rústicos y sus ramas gruesas eran perfectos para treparlos cuando queríamos disfrutar aún más del paisaje, o simplemente cuando queríamos un soplo de la brisa fresca en los días muy calurosos.

Podía escuchar el río, gruñendo con bravura por las lluvias recientes. Amatista, mi yegua, relinchaba, anticipándose al juego previo que íbamos a tener.

— ¿A qué quieres jugar? —Pregunté, no muy convencida — El suelo está muy resbaloso y por el tiempo, una nueva lluvia se aproxima. No deberíamos alejarnos mucho.

— ¿Tienes miedo, Nao? Conocemos estos terrenos como las palmas de nuestras manos — Bufó, completamente convencido Dorian. Un chico con más confianza que cerebro, pero en cuestión de amistad era muy bueno.

— Dorian tiene razón— Sara, la pequeña pelirroja de grandes pecas, le dio la razón, apoyando cada una de sus palabras poco prudentes. —Estaremos bien, Nao. Anda, una última carrera y luego regresaremos al pueblo. Por favor.

La niña rogó, y yo, sin ninguna otra opción, acepté. Aunque, de hecho, sí quería una última carrera. Me encantaba demostrar que Amatista era uno de los caballos más rápidos de todo el condado. El orgullo de mi padre y el mío.

— Bueno, una sola y volvemos a casa — Acepté, subiéndome en mi caballo. Contamos hasta cinco y comenzó la carrera, subiendo y bajando colinas, cruzando valles y sembradíos de trigo.

Con la tentativa de resbalar en más de una ocasión en bajadas empinadas y húmedas, prácticamente rampas naturales gracias a la lluvia y, sin darnos cuenta, nos alejamos demasiado.

No habíamos marcado una meta, simplemente corríamos hasta que nuestros caballos no dieran más. Perdí la noción del tiempo, me centré totalmente en la adrenalina de la carrera, solo volví a concentrarme cuando Amatista se detuvo, cansada de tanto correr, jadeante — ¡Chicos! — Grité al no escucharlos, girándonos a mí y a mi caballo para buscarlos con la mirada, pero no había rastros de ellos.

¿En dónde estaban? Esa fue la primera pregunta que me hice al sentir las primeras gotas caer en mi frente.

La lluvia estaba dando sus primeras amenazas y debíamos volver a casa, porque las nubes grises y el cielo soltando sus truenos daban un claro mensaje: Iba a llover, muy fuerte. Amatista y yo nos pusimos en marcha, llamándolos hasta que me ardieron los pulmones, ¿Cómo pudieron irse sin darme cuenta? ¿Habrán vuelto al pueblo? ¿Estarán bien? El pánico empezaba a hacer estragos en mi pecho, las gotas caían ahora con más ferocidad, tenía frío, quería irme a casa, pero no podía hacerlo sin ellos, no era una opción.

Habíamos venido los tres y teníamos que irnos los tres.

— ¡Sara! ¡Dorian! — Grité de nuevo con todo el aire que tenía — ¡Salgan, esto ya no es divertido! ¡Por favor!

Pedí al borde del llanto. Ya no era una niña pequeña, pero me molestaba la facilidad con la que cedía al miedo, y claramente lo estaba sintiendo. No sabía ya cuánto tiempo llevaba caminando, pero ya la luz era tenue, muy tenue.

Estuve dispuesta a rendirme, ya quería volver a casa. Tal vez los chicos ya estaban allí, bajo un techo, secos y sin los primeros indicios de pescar un resfriado.

— Vámonos a casa, Amatista — Acaricié su cabellera oscura, jalando las riendas hacia atrás, marcando el rumbo hacia mi casa. Papá y mamá ya deben estarse preguntando en dónde estoy; me ganaría un regaño.

De eso no había duda. Me lo tengo merecido, nadie me mandó a dejarme llevar por una carrera.

Mi mente se concentraba en el baño caliente que tomaría, junto con la taza de café humeante que me acompañaría después de eso, pero el relinchar de un caballo me sacó de mis pensamientos.

Venía del otro lado del prado, más allá de los sembradíos. Amatista y yo fuimos hacia allá, a toda máquina, sus cascos chocando contra el suelo resbaloso, salpicando barro por su pelaje y en mis pantalones.

A lo lejos vi el caballo de la pelirroja, asustado. El animal se paraba en sus dos patas, brincaba y emitía sonidos, miraba en todas direcciones. Al ver su estado, me bajé de mi yegua, acercándome con lentitud, a la vez que elevaba mis manos y emitía ligeros sonidos para tranquilizarlo.

— He, he, cálmate — Trataba de cogerlo de las riendas — Shh, tienes que calmarte — Intentaba no ser blanco de sus patadas— He, ¿Qué te pasa? Estás a salvo ahora. Cálmate, Tornado — Con mucho esfuerzo logré calmarlo, acariciando su frente con suavidad — ¿Dónde está, Sara? ¿Le ha pasado algo?

Sabía que los caballos eran animales inteligentes, y muy leales con las personas correctas. Cuando eres hija de un entrenador de caballos, aprendes ciertas cosas que pueden servirte en el momento que menos piensas.

Con facilidad, me subí a la silla de montar y ajusté las riendas, aun así, permití que él me guiara por el camino. Al principio seguimos la ruta principal, pero luego nos desviamos hacia un sendero estrecho y rocoso.

— ¿A dónde me llevas? —Observé con duda al caballo, apretando con fuerza las riendas del mío.

Pensaba retroceder, pero la vi, ahí, tirada sobre el suelo mojado. Me bajé con rapidez del caballo y corrí, resbalando y cayendo, mis rodillas se enterraron en el suelo pantanoso, pero planté mis palmas en el pasto húmedo, impulsándome hacia arriba. Caminé, deteniéndome en seco por lo que vi. Ella estaba ahí, sí.

Sin embargo, no estaba viva, no respiraba, no podía hacerlo si sus órganos internos se exponían al exterior, los cuervos ya comenzaban a alimentarse de mi amiga, jalando la carne de sus intestinos; faltaba su cabeza, no estaba, alguien la había cortado. Fue asqueroso, tanto, que no pude retener el contenido de mi propio estómago.

Vomité, en estado de shock total, mi cabeza daba vueltas y mis ojos no podían alejarse del cuerpo. No pude moverme, no podía, permanecí inmóvil hasta que mis cables volvieron a conectarse. Llegué al pueblo gritando con la voz quebrada lo que había visto.

Nunca lo olvidaré.

A Dorian lo encontraron unos días después, en un estado aún peor. Su cuerpo en la etapa final de descomposición. El agua y los peces lo habían devorado casi por completo.

No era fan de recordar el pasado, de hecho, lo detestaba. Odiaba cuando mi mente se iba a eventos en los que ya no quería estar. Sin embargo, no podía evitarlos, y creo que esa era una de las causas por las que tanto me costaba dormir.


Los recuerdos me atormentan.

Sus muertes aún me acechan.

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