Zafiro me acompañó a resolver unos trámites en la universidad y después fuimos a buscar a mi hermanito. Él se levantó de donde estaba sentado de repente.
—¿Quiere sentarse? —le ofreció con amabilidad a Zafiro.
—Muchas gracias, caballerito —respondió ella antes de acomodarse.
Me gustaba verlo así: tranquilo, bien, dedicado al deporte que le apasiona. Sentí un alivio cálido y tonto en el pecho, además de la ternura que me provocaba su timidez al ofrecerle el asiento.
Pero de pronto él dijo:
—Tu ex compañera de la correccional estuvo aquí.
—¿Lincy?
¿Lincy vigilando a mi hermano?
Zafiro notó cómo me tensaba.
—¿Quién es Lincy? —preguntó con curiosidad.
—La chica que provocó ese altercado con Gray —respondí de inmediato—. Ángel, no la dejes acercarse a ti por nada del mundo.
—¿Por qué no? —cuestionó una voz con calma.
Lincy apareció como surgida de la nada. ¿Por qué tenía que fijarse precisamente en mí?
—Te pedí que te alejaras de mí —le dije, retrocediendo apenas un paso.
Zafiro notó mi incomodidad y me tomó la mano. Ese gesto encendió a Lincy, cuya mirada se endureció al instante.
—No la toques —dijo Zafiro con voz fría—. Te equivocaste al meterte en esa casa: no sabes con quién te estás metiendo.
—¿Es una amenaza? —replicó Lincy, desafiante.
Zafiro no se alteró, pero tampoco retrocedió.
—¿De qué debo cuidarme? ¿De recibir un disparo de parte tuya? —insistió Lincy.
Zafiro se tensó un momento, pero luego se relajó. Yo también entendí por qué.
Una voz sonó a espaldas de Lincy, grave y peligrosa:
—De parte mía.
Gray estaba ahí, quieta como una estatua que respira.
Mi jefa, mi salvadora y mi mujer.
No sabes con quien te metes!!
Ese “mi mujer” todo que ver
Uy su mujer
Manifestada y declarada su mujer