Mafe conducía en silencio, y yo seguía encogida en el asiento del acompañante, tratando de no levantar la cabeza. Sentía que cualquier movimiento, cualquier suspiro, sería mi sentencia. Pero, discretamente, miraba a Mafe de reojo. Sus manos, agarrando el volante, no temblaban en absoluto. No parecía asustada; parecía concentrada.
Era como si ya se hubiera preparado mentalmente para algo así. Otra camioneta oscura nos seguía lentamente por la vía solitaria.
También veía a Mafe mover su mano izquierda sutilmente sobre el volante, un micromovimiento extraño. El ligero giro y el ajuste de sus dedos parecían servir para hacer algo que yo no entendía. ¿Estaba enviando una señal? ¿Estaba activando algo?
Dios mío, ¿qué está haciendo? No entendía, pero el miedo me impedía siquiera intentar comprenderlo.
Los dos hombres atrás seguían sin decir nada, observando el camino, pero cuando hablaron, sus voces me calaron hasta los huesos.
—Bien, deben estar preocupadas, así que hagámoslo fácil para todos —dijo el hombre que estaba más cerca de Mafe. Su tono era frío, forzadamente cortés—. Conduce más lento.
Sentí a Mafe reducir la velocidad gradualmente.
—Mi jefe se llama Uriel Trujillo —continuó el hombre—. ¿Te suena ese apellido? Patrón de Los Dorsal.
Mi mente se activó a pesar del terror. Los Dorsal era un grupo pequeño y local, una banda urbana, de esas que suelen hacer los trabajos sucios en los que las guerrillas no quieren involucrarse.
Estaban armados como guerrilleros. Esto era mucho más grande que un simple robo. Era probable que Gerardo los hubiese contratado, o alguien más poderoso los hubiera contratado. Maldita sea.
Mafe pareció entender la magnitud y el alcance del nombre. Rápidamente, regresé mi atención a Matías, al centro.
—Tuvimos la cortesía de hacer esto sin matar a todos los trabajadores y niños de ese centro —dijo el sicario—. Seamos profesionales.
—¿Profesionales? —habló Mafe, finalmente, con una voz cortante como el hielo—. Me está apuntando en la cabeza. Eso no es profesional.
—No hay una sola cosa que puedas hacer para salir de esto, doctora —interrumpió uno de los hombres detrás—. Así que hagamos esto rápido.
Escuché el sonido seco y metálico de un arma cargándose, y la tensión en la mandíbula de Mafe dejaba claro que el cañón era el que le apuntaba a ella.
—Ahora, pregúntame lo que quiero —exigió el hombre.
Mafe suspiró, un sonido pesado que cargaba todo el peso de su juramento profesional.
—¿Qué quiere? —cuestionó, con la voz apenas audible.
—Lo sabes. Sabes lo que el patrón quiere. Sabes a dónde lo llevan y sabes dónde podemos interceptarlo. Sabes quiénes van con él y lo vas a decir. Cuántos hombres son y en qué camioneta está el niño.
Mafe apretó el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—No les voy a entregar a ese niño.
Uno de los hombres se rio con desdén. De repente, abrió la puerta del auto, aprovechando un tramo solitario de la vía.
—¡Detente! —exigió el otro.
El hombre que se bajó abrió la puerta de mi lado y me jaló del cabello con una fuerza tan desmedida que un grito mudo rasgó mi garganta.
—¡Atrás! —me ordenó, empujándome.
Me llevaron a la fuerza al asiento trasero, y el hombre que me había estado apuntando se sentó en mi lugar, en el asiento del pasajero. El sicario que en un principio le estaba apuntando a Mafe ahora me apuntó a mí.
—Abre la boca —susurró el hombre en el asiento trasero.
Yo estaba temblando incontrolablemente y mi boca se abrió con pánico.
—¿Podrías mirar por el retrovisor dónde le estoy apuntando a la chica? —preguntó el hombre que me apuntaba.
En la boca abierta, juro que podía sentir el sabor del arma y me daba pánico moverme un centímetro y provocar la detonación.
—Si no das la información en diez segundos, le vuelo la cabeza —exigió, su voz sonando como un martillo.
Estaba a punto de morirme de un infarto. Conté los segundos en el pulso acelerado de mis sienes.
Finalmente, escuché el suspiro de Mafe recorrer el interior de la camioneta, con la intención de decir algo. Aún no sabía qué buscaba cuando movía sus manos en el volante.
—Uno… —Empezó a contar el hombre, lentamente.
Mi corazón se detuvo.
😱😱😱