Códice negro

Aneska

10 años atrás

El silencio de los cadáveres era reconfortante, vivos eran una completa molestia, tan ruidosos y llorones, tan... frágiles, aunque esa fragilidad me atraía,vuelve el juego mucho más divertido. Tenía una fascinación por desmembrar sus partes y reconstruirlas a mi gusto, Katrina lo veía como una pérdida de tiempo, pero yo en cambio, pensaba todo lo contrario, eran mi propio arte, mis estatuas de carne y hueso, perfectas hasta que la piel comenzaba a pudrirse. Odiaba los químicos en mis obras, por eso no las conservaba por mucho tiempo, lo cual era una lástima, una muy dolorosa.

— Serás algo hermoso — le susurré a la chica inerte en la mesa de metal, inclinándome para acariciar cuidadosamente su rostro con mis dedos cubiertos por guantes de látex. Era preciosa, su piel era blanca como la leche, sus ojos tenían un lindo tono grisáceo, de pelo rubio, labios finos y pómulos elevados. Atraerla no fue complicado, entró ella misma a nuestro auto, fue tan encantadora al principio, tan tímida, tan educada, pero tan tonta, no puedo evitar reír en voz baja por lo fácil que llegó a nosotras. — Pudiste haber vivido más, Helen, pero intentaste escapar. Odio que mis juguetes intenten dejarme.— Mi tono era suave, la emoción por comenzar se sentía en cada fibra de mi cuerpo, mis manos hormigueaban, queriendo tomar uno de los cuchillos para explorar cada parte. Bufé cuando mis ojos se clavaron en su pecho,quedó tan dañado, prácticamente tenía un hueco, exponiendo su interior, Creo que me excedí; no podré conservar ningún órgano esta vez. Mi colección de trofeos estará incompleta.

— Termina rápido con eso, Aneska — musitó con aburrimiento mi hermana, manteniendo su lugar en la puerta. La primera regla que teníamos era no invadir el espacio de la otra. Una regla que nos tomábamos muy personal si sabíamos lo que nos convenía.

— No me apresures. Solo estás celosa, porque yo sí me estoy divirtiendo —respondí, cortando cuidadosamente la primera pierna. Necesitaba que fuera lo más limpio posible, no quería imperfecciones en mi trabajo; la sangre empezó a resbalar, cayendo en grandes chorros al suelo, un río rojo y de un olor divino, cálido y espeso. —No me canso de verlo —exclamé, extasiada, colocando la pierna en una mesa aparte para seguir con la otra, hasta tener el cuerpo en pedazos, dejando solo la cabeza junto con el resto del torso—. ¿Crees que debamos darles un regalo a la Policía, hermana mayor? Sería una lástima guardarla solo para nosotras. No hay que ser egoístas.

— Haz lo que quieras. Y si ya terminaste, acompáñame, estoy aburrida. —La miré a lo lejos, sentándome en lo que quedaba de la sangre de la chica sobre la mesa de metal, manchando la bata blanca en el acto. La sensación era exquisita, aún no tenía una visión clara de en qué convertiría a la desafortunada Helen, pero ya había decidido con qué parte quedarme.

— ¿Estás aburrida? —pregunté, colocando dos de mis dedos sobre mi barbilla, manchando mi piel con ese líquido rojo ahora frío—. Acabamos de cazar a un lindo conejito. Quiero jugar un rato más con él.

Sin molestarse en invadir mi territorio, entró, dando pasos lentos hacia mí, mis ojos la observaban recelosos, evaluando sus movimientos. Katrina ni siquiera le prestó atención a la clara advertencia que le lanzaba, elevando un pequeño bisturí en mi mano derecha, balanceándolo entre mis dedos, no dudaría en hacerle un corte si intentaba tocarla, era mía, no de ella. Sin embargo, apretó mi mentón con rapidez,utilizando demasiada de su fuerza en el proceso se inclinó mi cuerpo hacia atrás,encima de lo que quedaba de la chica, y con un movimiento apartó el cuerpo,dejándolo caer al suelo, su lengua bajó hasta mi barbilla, recogiendo la sangre que manchaba mi piel. Mi hermana jadeó, sus ojos dilatados me observaron, el deseo se mostraba latente, a pocos metros de la superficie, su mirada desafiante me elevaba, ¡oh! Era tan linda así.

— Tú la cazaste, hermanita. Ahora, quítate esa ropa y salgamos antes de que haga otra cosa.

Su aliento cálido golpeó mi rostro, más como una invitación que como una advertencia. Enderezó su espalda y me dedicó una mirada antes de darse la vuelta; mis sentidos se habían disparado, su invasión aún necesitaba un castigo, por lo que me levanté de la mesa, desplazándome con cuidado y cuando estuvo a mi alcance, tiré de su cabello, enrollándolo con tres vueltas en mi mano. Su cabeza pegó bruscamente de mi hombro, pero ningún ruido escapó de su boca, sus manos tampoco se movieron, permanecieron quietas a sus costados. Un gruñido salió de mis labios, una combinación entre queja y molestia.

— No es divertido si no muestras algún sentimiento, Katrina — Chillé, deslizando la punta del bisturí por su cuello descubierto, aún sin hacer ningún corte — Soy tu hermana, podrías regalarme al menos un jadeo.

— ¿Y complacerte tan fácil? No.

Enterré el metal superficialmente en su piel, liberando un hilo de líquido rojo, tan fino que apenas podía olerlo. Presioné más, enterrando otro centímetro hasta escuchar un jadeo, no abriría su garganta, pero la tentación era tanta que tenía que apretar las piernas por la sensación placentera que se creaba entre mis piernas. Su piel contrastaba tan bien con el color de su sangre, resaltaba en todos los sentidos.

— Suéltame, Aneska — La orden resonó en mis oídos, el eco de sus palabras llegó hasta mi cerebro y su mano fría tomó la mía, echándola hacia atrás, más sangre brotó de su cuello y jadeé, jadeé al verla resbalar. — Jugaremos las dos más tarde. —Se dio la vuelta, quedando frente a mí, sus ojos fijos en los míos, mi respiración era un caos, fuerte y rápida, mi corazón latía con fuerza en mi pecho, chispas blancas se disparaban a través de mis párpados y sus manos tomaron los costados de mi rostro,acariciando con sus pulgares mis mejillas para que me tranquilizara— ¿Qué tienes que hacer, Aneska? —preguntó, pero yo estaba demasiado centrada en mi propia cabeza — ¿Qué tienes que hacer? .

— Controlarme —respondí, cerrando mis ojos y enterrando mi cabeza en su cuello, el olor me golpeó haciéndome gemir y Katrina me separó, tirando de mi cabello hacia atrás.

—Deja de actuar como una desquiciada —murmuró en un tono peligroso—. Báñate y sal; te espero en el auto. Solo estábamos de paso en este lugar, los pueblos pequeños no son, ni serán, de mi agrado; prefiero la ciudad, con todo el bullicio y el caos que la rodean. Katrina decidió venir de vacaciones mientras las cosas se calmaban en casa, al parecer, un detective se estaba involucrando mucho en nuestros asuntos, y si algo hemos aprendido es a no subestimar a las personas, confiarnos es lo último que queremos. Nos quedaremos aquí hasta que sea seguro volver, pero me es imposible no divertirme un poco, además, adoro la atención en los periódicos, me encanta que la gente lea y hable de nosotras.

Adentro del auto, mi hermana permanecía en silencio, con la mirada fija en la carretera hasta que nos bajamos en un parque, mi cara se deformó al ver la cantidad de niños que había allí, corriendo y gritando.

— Katrina, ¿Por qué? —Este era una manera cruel de torturarme, no los soportaba, ese poco de mocosos eran realmente exasperantes.

—Un poco de ruido no te hará daño —se limitó a decir, mientras se sentaba en una banca.

— Son niños.

— Por eso deberías tolerarlos más— Entrecerré mis ojos y enterré las uñas en la banca de madera, la tensión en mi cuerpo era notoria y la seriedad en mi rostro decía todo lo que pensaba en este momento. No quería estar aquí. Sus gritos me aturdían, sus risas chillonas me fastidiaban, quería arrancarme los oídos.

— Los toleraré cuando tenga sus cuerdas vocales en mis manos— Confesé con desdén — Son tan insoportables.

— Ummm— Katrina rodó sus ojos, observando el entorno con una relajación que me costaba creer, sus ojos se paseaban de un lado a otro, viendo a los mocosos correr igual que caballos de carreras — Mira, Aneska — Habló con la voz baja, enderezando su espalda — Esa niña de ahí — Dirigí mis ojos a donde miraban los suyo, encontrándome con una pequeña castaña que jugaba sola en los columpios, meciéndose despreocupadamente, su rostro era tan lindo, su cuerpo tan pequeño y delicado. Mi mente empezó a pensar en las posibilidades y jadeé complacida ante la imagen en mi cabeza.

— Imagínala, podría ser una de mis mejores obras, podría... podría ser nuestra — Katrina rio, una risa suave y seductora.

— Si, podríamos convertirla en nuestra próxima creación  — Dijo, analizando los movimientos de la pequeña.

La emoción se disparaba por mi cuerpo.

— Si, podríamos tomarla y llevárnosla de aquí. No hay nadie cerca que la esté cuidando aparentemente. Podríamos irnos con ella y nadie se daría cuenta de que ha desaparecido.

Mi hermana negó en silencio, observando a la niña, planeando nuestro próximo movimiento. Su mente trabajaba en conjunto con su cuerpo, lo veía en su postura, en como fruncía los labios, la manera tan peculiar en la que sus pupilas se dilataban ligeramente a medida que la curiosidad y el desafío la consumían. Finalmente, mi hermana se puso de pie, ajustando su abrigo con elegancia, se acercó con cautela a mi pequeña modelo que ahora corría con los demás niños, calculando el momento preciso en el que se aproximaba a ella y dando un paso al frente, chocaron las dos, cayendo al suelo por la actuada falta de equilibrio. Sonreí para mis adentros, disfrutando de la función.

— Ay lo siento mucho, señora — La pequeña se disculpó con prisa — No la vi.

Mi hermana hizo un ademán con la mano, ayudando a la niña a levantarse.

— No te preocupes, linda, estabas jugando — Los ojos de mi hermana buscaron los míos en una fracción de segundo y supe que era mi turno de aparecer en escena.

— Hermana — Exclamé con notable preocupación — ¿Estás bien?

— Si, solo fue un accidente — Me explicó— Debes tener más cuidado... ummm, ¿Cómo te llamas?

— Soy Naomi, señora.

— Debes tener más cuidado, Naomi — Repitió, saboreando su nombre y mirando en distintas direcciones— ¿No están tus padres por aquí? —Ella negó con la cabeza.

— No, pero están cerca — me explicó, señalando una de las casas alrededor del parque—. Por allá.

Mi hermana asintió, manteniendo su sonrisa en el rostro.

— ¿Quieres algo? Me caíste bien.La niña negó al instante.

— No, gracias. Mi mamá no deja que acepte cosas de desconocidos — Dijo con la inocencia que caracterizaba a los niños— Ni siquiera debería de estar hablando con usted.

— Eso está muy bien, Naomi — Entré en la pequeña conversación, atreviéndome a colocar un mechón de su cabello detrás de su oreja, rozando a propósito su mejilla enrojecida por el frío — Eres una niña muy inteligente. ¿Cuántos años tienes?

Naomi me regaló una sonrisa y sus ojos se iluminaron. Ese color miel en sus ojos era tan lindo, aún no tengo unos ojos como esos en mi colección.— Cumpliré los 10 en unos días.— Eso es fantástico. Feliz cumpleaños adelantado, pequeña flor — La felicité, grabando en mi memoria cada uno de sus rasgos — Fue un gusto conocerte, pero tenemos que irnos. — Katrina se agachó, dándole un beso fugaz peligrosamente cerca de los labios. Un movimiento arriesgado estando en un lugar público.

— Adiós— Se despidió con una reluciente sonrisa.

— Adiós no, florecita. Nos volveremos a ver. Recuerda eso.

La determinación bañaba las palabras de mi hermana. Una promesa peligrosa que pretendíamos cumplir cuando llegara el momento justo.

Naomi es perfecta para romper, perfecta para reconstruir, perfecta para corromper. La posibilidad de crear algo verdaderamente único con ella me llena de inspiración para nuevas obras, una alegría que me recorre con ímpetu las venas y sé que no soy la única que se siente ansiosa.

Cuidaremos a nuestro pequeño descubrimiento hasta que sea hora de ir por él. Aún no sé qué hacer, tiene que ser algo hermoso, la mejor obra que haya hecho, mi mayor trofeo, no puedo dejar que Katrina la marque demasiado o todo estará arruinado. La conservaré, será la única estatua viviente que conserve solo para mí, alejada del resto del mundo, cuidada para asegurar su preservación, expuesta solo para los ojos de mi hermana y los míos.

Nuestra pequeña florecita destinada a morir.

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