— No, no, por favor. — Leves gemidos salían de la tierna boca del chico que intentó escapar, mientras lo jalaba de los tobillos, apretando sus heridas abiertas a propósito, la sangre manchaba mis manos y el suelo, dejando pequeñas gotas en mi suelo.
Fue divertido ver cómo la esperanza lo impulsaba a pasar la puerta que yo dejé abierta precisamente para que él saliera. Pobre niño, creyó que podría llegar lejos en su estado. La droga aún estaba en su sistema, volviendo sus movimientos lentos y torpes. — No me mates, te lo ruego. Le diré a mi padre que te pague. Él pagará lo que sea, solo... solo déjame ir. No diré nada, te lo juro. Por favor.
— Corderito, tu dinero no me interesa. — Tarareé, subiéndome encima de él. Su rostro tenía cortes de los que aún brotaba sangre y los cuales ayudaron en mi creciente deleite. Su piel era del mismo color de mi pequeña flor, mi Naomi. Cerré mis ojos e imaginé estar sobre mi niña, tan suave, tan delicada, tan viva, el olor de la sangre inundaba mis fosas nasales, aumentando mi excitación a niveles impresionantes — Grita para mí— Pedí a modo de súplica, moviéndome sobre el cuerpo debajo de mí.
— ¿Q-qué? —Sonreí, mostrando los dientes, y aun con mis ojos cerrados encorvé mi espalda para morder con fuerza su hombro, rompiendo la carne y saboreando ese líquido rojo — ¡Ah! ¡Po-por favor! — El niño gritó al máximo de lo que sus cuerdas vocales podían dar y yo jadeé, extasiada, masticando el pedazo de carne en mi boca hasta tragarlo, la sangre oscura y espesa mancho el interior de mi boca, mis labios y mi barbilla. Me enderecé, aumentando mis movimientos eufóricos. La decencia se había perdido, gemía con fuerza, buscando mi propia liberación — De-tente, ya no más. Por favor, por favor. Si hice algo que te ofendió, perdóname — Gruñí, enterrando mis uñas en su piel. Rompía mi concentración, así que apreté con mi mano libre los laterales de su boca, obligándolo a abrirla.
— Tienes una lengua muy linda, pero innecesaria. ¿Qué tal si la sacamos?— Propuse, levantándome para tomar un cuchillo, no necesitaba un corte limpio, solo la necesitaba afuera. Aneska es la que se preocupa por eso, y este es mi juguete. Lo dañaré tanto como quiera— Abre la boca, lindo— Me senté de nuevo entre sus piernas, mirándolo a los ojos, los ojos de un pequeño corderito destinado a ser la comida de un depredador.
Deslicé el cuchillo por su pecho, dejando líneas rojas y sangrantes en el proceso, fue buena idea volverlo a atar a la pared. — Si me muerdes, te arrancaré cada uno de los dientes — Advertí, abriendo su boca y metiendo el cuchillo,arrancando su lengua. El niño gritó y lloró, sus manos se cerraron en puños y yo me limité a beber la sangre que resbalaba por su barbilla — Así está mejor, ¿No crees? Adoro este silencio, me deja concentrarme.
Desaté sus manos y pies para tumbarlo en el suelo, bajé la cremallera de sus pantalones y haciendo algo de contacto para terminar de despertar a su amigo que no tardó mucho en ponerse duro, removí mis bragas y lo dejé entrar, jadeando cuando lo sentí clavado en mi interior, mis movimientos eran toscos, desesperados, mi respiración era superficial, mi pecho subía y bajaba con fuerza al mismo tiempo en que le hacía más cortes al chico en el pecho, brazos y cuello, cuando terminé, me separé de él, dejando el cuerpo inerte en el frío suelo de mármol.
Terminó ahogándose con su propia sangre y hasta ahora noto que enterré el cuchillo en su cuello, un corte simétrico y profundo, un desliz muy recurrente en mí, a veces olvido lo frágiles que son mis juguetes.
— ¡Kasia! ¡Ayúdame con esto! —Mi hermana pequeña asomó la cabeza por las escaleras, balanceando su cuerpo con fingida inocencia y con una sonrisa igual de retorcida que la de nosotras — Puedes bajar, hermanita. Te estoy permitiendo acercarte.
La chica caminó hacia mí en pequeños saltos, manteniendo la sonrisa en sus labios, arrugando los labios en una mueca al ver el charco de sangre bajo sus zapatillas blancas. Su vestido floreado llegaba hasta sus pies, por lo que intentaba no caminar más.
— Neska y tú son muy desastrosas. — Su burla llegó a mis oídos acompañada de su voz animada. Peinaba sus mechones dorados mientras observaba el cuerpo del chico, enroscando las puntas para hacer una pequeña onda — Él ya ensució mis zapatillas, Kat. ¿Tengo que ensuciar también mi vestido?.
Rodé los ojos, empezando a jalar el cuerpo hacia las escaleras, asegurándome de manchar lo suficiente mis manos para girarme y abrazar a mi hermana por la cintura, dejando dos manchas rojas en su vestido floreado.
La queja no tardó en presentarse con un chillido agudo, su cabeza se inclinó para ver las huellas de mis manos en ella, encarándome con rabia,pero no precisamente dirigida a mí. Sus ojos prácticamente calcinaron el cadáver, el chocolate de sus iris pasó a negro en un instante y yo me limité a solo ver la escena que se creaba frente a mí— ¡¿Mira lo que has hecho?!— Gritó, gruñendo las palabras y pateando el pobre cuerpo del chico, se acercó a mi mesa de trabajo, cogiendo un cuchillo carnicero afilado y con dos golpes la primera mano estuvo fuera y segundos después fue la segunda, tomándolas y tirándomelas. La carne muerta me impactó en el pecho a pocos metros de distancia, manchando aún más mi ropa.
— ¿Ya terminaste con tu rabieta, hermanita? — Pregunté, cruzando mis brazos atrás de mi espalda, acercándome a ella con lentitud.
— Has manchado uno de mis mejores vestidos, Katrina — Siseó en voz baja.
Tarareé, asintiendo. Mis dedos, aun con restos secos de sangre, acariciaron su mejilla, poniendo su piel de gallina con el tacto frío. Mis ojos la observaron desde arriba, inclinando su barbilla, disfruté ver sus pupilas dilatarse cuando mis uñas se clavaron en la piel blanda de su brazo, sus labios se abrieron, soltando un jadeo y yosonreí, complacida.
— Tienes muchos otros, Kasia. Ahora, sé una chica buena y ayuda a tu hermana a subir su comida. ¿Sí? — Pedí en una voz demasiado melosa, muy diferente a la que suelo usar. Aparté mis uñas de su piel y solté su barbilla, esperando a que tomara los tobillos y empezara a subir con el cuerpo. Me deleité viendo el rastro de sangre que dejaba a su paso hasta llegar a la cocina; no me tomaba el cuidado de ser discreta, eso se lo dejaba a Aneska. Es tan meticulosa con cada cosa que hace, ¿Dónde queda la diversión? Yo no busco perfección, lo que en verdad busco, es saciarme. Marcarlos a mi gusto es una manera y comerlos es otra, un punto final en su recorrido.
— ¿Qué parte comerás esta vez, Kat? — Los brazos de mi hermana gemela merodearon desde atrás, pegando su centro con mis nalgas, su barbilla se posicionó en mi hombro para mirar en el mismo ángulo que yo. — Veo que no lo cuidaste tampoco esta vez.
Bufé, abriendo su estómago.
— Tú juega como quieras con los tuyos y yo me ocupo de los míos como me plazca.
Ella negó, bajando sus dedos por la línea de mi estómago hasta más abajo de mi cadera. Subí la mirada, viendo hacia donde miraba mi hermana menor. Estaba concentrada en el corte que hacía, hipnotizada por el líquido rojizo del interior.
— ¿Así tratarás a nuestra pequeña flor, Katrina? — Susurró, metiendo sus dedos entre mis piernas, acariciando mis labios para luego separarlos y entrar. Contuve el gemido, siguiendo con mi tarea de seleccionar los órganos, mientras Aneska seguía susurrando en mi oído— ¿Desgarraras su garganta y sacarás su lengua de esa forma tan descuidada? ¿No te parece más divertido marcar su piel con unos cuantos cortes solamente? ¿Manteniendo su líquido vital en sus venas? —Propuso a la vez que sacaba el corazón y lo ponía en una bandeja. Mi cabeza se inclinó hacia atrás, manteniendo la vista fija en mi tarea, disfrutando el vaivén de sus cuatro dedos dentrode mí, estaba a punto de obtener la liberación que necesitaba, estaba tan cerca — Nuestra pequeña Naomi es demasiado frágil para jugar con ella de esa manera tan descuidada.
— Sí — Jadeé, sintiendo el calor bajar por mi vientre — La cuidaré, la cuidaré. No le haré mucho daño, lo prometo — Gemí incoherencias, apretando el cuchillo en mi mano cerrada, sin mantener una pizca de discreción. Temblé, disfrutando de los restos de mi venida.
Mi respiración era descuidada, superficial, mis ojos estaban cerrados,disfrutando de las sensaciones.
— Qué asco. — Escupió la rubia con una mueca de repulsión.
Aneska sonrió, sacando los dedos de mi interior para lamerlos en frente de nuestra hermana, sin pudor.
— ¿Asco? ¿Por qué asco, Kasia? — Preguntó, rodeando la mesa para estar cerca de ella, pegando sus cuerpos con su brazo derecho— ¿Acaso mi hermanita está celosa?
La mueca de nuestra hermana menor se intensificó, curvando sus cejas hacia abajo y apartando su rostro lo más que pudo de la pelinegra.
— ¿Celosa de ustedes dos? — Resopló — Por favor.
— Ummm— Aneska mantuvo sus labios cerrados, unidos en una sonrisa socarrona. Liberando a Kasia de su agarre — Si tú lo dices. No me importaria consolar también a mi hermana pequeña.
Ignorando a esas dos, terminé de seleccionar las partes, decidiéndome por el corazón, las costillas y la carne de la parte interna de los muslos. No me apetecía ninguna otra extremidad, y tenía mucha más carne en el congelador.
Fruncí mis labios con una ligera molestia al notar que no podré hacer mi cacería habitual por un mes, Aneska se llevará toda la diversión las próximas semanas, mientras yo me confino aquí, en la funeraria y cuidando de Kasia para que no tenga otra recaída igual a la anterior; por su culpa tuvimos que limpiar el desastre que ocasionó gracias a sus delirios.
Su condición en ocasiones se sale de control y al estar ocupadas, no nos damos cuenta a tiempo. Si papá estuviera vivo, no podría creer que su pequeña fuera capaz de asesinar a tres personas de esa manera tan animal y descuidada, destrozando sus cráneos con un martillo, exponiendo sus tórax aun cuando estaban agonizando y sacando sus costillas una por una, hasta dejarlas regadas por el suelo del sótano, ¿Y de quien fue la culpa? De una niña de la que está enamorada; eso detonó su ataque de rabia, pero tendrá que aprender a controlarse si quiere que su juguete personal permanezca con ella, más allá de ser un cadáver en descomposición, destinado a ser desechado más adelante.
Enamorarnos, no es precisamente el término que usamos mi hermana y yo, es más que eso: Es posesión, adoración, devoción y destrucción. Son todos esos sentimientos revueltos al mismo tiempo en nuestras almas, algo más allá del entendimiento de aquellas personas fuera del mundo en el que vivimos. Es una sensación retorcida dentro del cuerpo, algo oscuro, asfixiante e hipnotizante, una mezcla mucho más fuerte que cualquier droga existente; nos mantiene eufóricas, calienta nuestra sangre, es una corriente electrizante. Cuando llegue el momento, Kasia entenderá ese sentimiento vívidamente con su posesión.
Incluso los seres más abominables necesitan a alguien a quién adorar, alguien a quien destruir. Hasta la oscuridad más profunda debe tener un corazón que poseer y un alma que corromper.
Esa es nuestra manera de amar, esa es nuestra manera de expresar lo que sentimos. Los Larkin tenemos mentes retorcidas, enfermas, plagadas de odio, deseo de sangre y una atracción peculiar hacia la muerte. Mi pequeña flor es mi éxtasis, mi musa, aquella mujer me da inspiración, me hace querer sumergirme más en mis creaciones gastronómicas peculiares.