Me despierto con pesadez, sintiendo que no dormí lo suficiente y, aun sin abrir mis ojos, escucho el ruido del despertador cesar, asumiendo al instante que Saher me ha ganado como siempre, suspiro, pasándome las manos por el rostro antes de obligarme mentalmente a salir de la cama, quitando de golpe las sábanas de mi cuerpo y poniendo los pies descalzos sobre el frío suelo del departamento.
— Buenos días, Nao. — La suave voz de Saher me saluda, con ese toque soñoliento teñido en sus palabras, lo cual me da un indicio de que no lleva mucho despierta y que todavía el sueño está en su sistema.
Pinto una ligera sonrisa en mis labios, tallando mis ojos y estirando los músculos de mi cuerpo para que la pereza disminuya.
— Buenos días, ¿Cómo te sientes hoy? — Pregunté, caminando hacia el baño para lavarme los dientes.
— ¿Me creerías si te dijera que no pude dormir bien? —Vi a través del espejo como se abrazaba a sí misma, observando la habitación con recelo, sus ojos viajando de aquí para allá — Había olvidado esta extraña sensación de sentirse observada. Empiezo a pensar que no es normal, quizás mi hermano tenía razón, quizás debamos mudarnos.
Sabía muy bien cómo se sentía eso. Saher y yo nos hemos sentido así desde hace años, es como si hubiera ojos invisibles en todas partes. Al principio solo yo me sentía así, pero un año después, ella comenzó también a experimentar eso, y llega a un punto en el que es sofocante.
Llegar a tu casa y no sentirte seguro es horrible, se supone que aquí es donde deberíamos estar cómodas, pero pasa todo lo contrario; Hemos intentado mudarnos a distintas partes de la ciudad y en cada uno de los apartamentos es exactamente igual, al principio estamos bien, pero luego volvemos a lo mismo.
— Ya nos hemos mudado cuatro veces y este es nuestro mejor departamento hasta ahora — Le recordé lo que ya sabíamos bien. Mudarnos era algo que no estaba en discusión justo ahora — No pienses en eso, más bien, vamos a vestirnos, nos ayudará a despejar nuestras mentes. Tenemos que encontrarnos con los chicos en la cafetería y sabes cómo se ponen cuando nos atrasamos. No querrás escuchar las quejas eternas de Zay, y eso es lo que nos espera si no nos apuramos, babi
Hice el esfuerzo de mantener la sonrisa en mis labios, sacando mis propias inquietudes y pensamientos de mi cabeza para poder concentrarme en ella y en lo que necesitaba.
Mis manos apartaron las suyas, despejando los brazos para ser yo ahora quien le diera confort, sus ojos se mantenían fijos en los míos, agrandados y melancólicos; me recordaban casi a los de un ciervo pequeño e indefenso, temeroso y desconfiado. Abría y cerraba la boca constantemente, pero las palabras no salían de sus labios, así que la abracé, juntando nuestros cuerpos, acaricié su rebelde cabello, dejando que mis dedos se deslizaran por las hebras sueltas de él.
— Escúchame, Saher, podemos con esto, mientras estemos juntas, podremos con todo.
— Fue lo que me dijiste al comenzar la secundaria — Murmuró con la voz apagada, en el hueco de mi cuello, su aliento me hizo cosquillas por lo cerca que estaba, pero no intenté ningún movimiento. — Recuerdo que estaba tan nerviosa me puse mi vestido al revés y ninguna de las dos se dio cuenta. Estuve todo el día así.
La risa llegó, calentando mi pecho al recordar esa etapa de nuestras vidas.
— Sí, lo recuerdo, pero — canturreé, separándola de mí para verla con gracia y algo más — También recuerdo que conociste a ese chico atlético, así que todo no fue tan malo.
Sus labios se torcieron con desagrado, haciendo una mueca descuidada.
— No me lo recuerdes, era más músculo que cerebro — Declaró, rodando los ojos y caminando hacia la habitación, abriendo las maletas que aún no habíamos desempacado, regando la ropa alrededor de su cama para buscar lo que se pondría. Saher no conocía la palabra delicadeza, el orden, tal vez, cuando quería, de resto, hace tantos desastres como un tornado dentro del departamento.
— Espero que al regresar recojas todo esto — Me separé del marco de la puerta, lanzándole una mirada rápida a ella y al montón de ropa esparcida en la cama individual antes de darme vuelta e ir a mi propia habitación para vestirme. Era un día soleado, quizás no esté haciendo demasiado calor, pero definitivamente no lo describiría como un día frío, estaré bien con una blusa corta y un jean, ni siquiera quise lidiar con mi cabello, la definición aguantaría esta salida, no estaba tan caótico, aunque me sentía mejor con una cola de caballo alta.
Media hora después salimos del departamento, sabiendo que tendríamos que aguantar las quejas de Zay por un rato, uno bastante alargado. El taxi nos dejó justo enfrente, podíamos ver a los chicos desde nuestro sitio, dentro de la cafetería,manteniendo una conversación animada entre ellos. Cruzamos la calle y entramos con sonrisas apenas visibles en nuestros rostros, llenas de pena, una notable disculpa silenciosa.
— ¡Buenos días! — Saher tomó la iniciativa, colocando las manos en sus caderas antes de acercarse y saludar a todos en la mesa con un beso audible. Yo fui un poco más discreta, saludando a los chicos con un simple saludo de manos en el aire, sentándome en el puesto que me había guardado Scarlett, quien llamó al mesero para hacer el pedido.
— ¡Por fin! — Los ojos de Darla brillaron con emoción. Su estiramiento en la mesa me recordó al de un gato, de echo todo en ella me recordaba a uno — Empezaba a tener hambre.
Mis labios se extendieron en una sonrisa.
— Darla, tú siempre tienes hambre.
— Obvio. Todavía estoy en etapa de crecimiento — Me picó un ojo, inclinándose hacia Kody, el chico rudo del grupo — ¿Qué pediremos, aparte de tu café, Nao?... Ah, y aún falta que llegue Kasia.
— No creo que venga — Respondió Elliot con su típica seriedad de siempre. Sus cejas daban el efecto de estar permanentemente fruncidas hacia abajo y su mandíbula cuadrada le daba ese toque de chico rudo que muchos quisieran tener. El chico pelinegro resopló, enderezando su espalda para pegarla a la silla, revisó su celular sin mucho interés y volvió a hablar— Ni siquiera ha visto el mensaje que le envié para confirmar si venía.
— Le hubieras pedido a nuestra amiga aquí presente que le escribiera. No tengo dudas de que a ella sí le hubiera respondido en cuestión de minutos — Zay entró en la conversación, observando a Saher con picardía, algo que no era para nada raro cuando la rubia hiperactiva entraba en escena. Todos sabíamos la atracción que sentía hacia ella, claro, todas menos la propia castaña que tenía en frente — Tengo razón, ¿Verdad,Sahy? —La morena no era tonta y mucho menos perdía la oportunidad de molestarla, le encantaba presionar sus botones hasta que respondía a la pacífica agresión verbal; disfrutaba de las pequeñas discusiones entre ellas. Hace un tiempo empezaba a creer que las peleas le daban a Zay una razón un poco más activa en la vida.
Todos en el grupo éramos diferentes, pero funcionales al mismo tiempo. No era normal que un grupo de 7 personas sobreviviera, por lo general en la universidad las grandes multitudes se dispersaban en grupos mucho más reducidos, pero en nuestro caso no fue así, de alguna manera logramos mantenernos en la misma vía. Personas como Scarlett y Kody que era de uno de los pueblos cercanos al mío facilitaban las cosas y de cierto modo nos unía aún más, en ocasiones tener lazos en común solidifica las relaciones; también hay otros casos como Zay, Elliot y Darla, ellos si son chicos de ciudad, extravagantes en todos los sentidos, callados cuando deben serlo y los más agresivos si te metes con ellos, aunque por lo general la chica de mechas rosas conservaba una personalidad pasiva y relajada, a diferencia de los dos últimos, no disfrutaba metiéndose en problemas, servía más como una voz de la consciencia, siempre pensando en las consecuencias. Este era mi grupo, una familia externa y un segundo apoyo que Saher y yo teníamos. Es malo confiar en las amistades, pero a ellos les confiaría mi vida si tuviera que hacerlo.
Los pedidos llegaron, el café humeante inundó mis fosas nasales, haciéndome soltar un gemido complaciente. Disfruté cuando el amargor típico, pero tolerante del café inundó mi paladar, cálido y dulce al mismo tiempo; no me resistí, me dejé llevar por el sabor, guardando silencio mientras los otros hablaban animadamente. Para un amante de la cafeína, solo éramos en este instante mi taza de café y yo.
— Te dije que vendría — Zay vitoreó, apoyando su barbilla en su mano abierta, tapando la mitad de su boca. Por mi posición tuve que voltear para ver a la chica rubia que iba entrando por la puerta, vestida pulcramente de blanco, con su paso delicado y elegante. Sus ojos nos encuentran, generando una sonrisa vibrante que deja a la vista todos sus dientes perfectamente cuidados, dignos de esos comerciales de cremas dentales.
— ¡Hi! —Su saludo no se hizo esperar, tan animado y meloso como siempre, alentando la palabra en su boca — Perdonen la tardanza. Se me fue el tiempo — Explicó innecesariamente, esperando expectante un espacio en la mesa. Saher, rodó su cuerpo hasta dar un mínimo espacio, uno un poco incómodo la verdad, pero la rubia lo aceptó sin chistar, ni siquiera disimuló en retraer su sonrisa alargada y complacida. Su perfume cosquilleaba en mi nariz y estoy segura que en la de todos los demás también; era suave, pero intoxicante, una mezcla que no pasaba desapercibida tan fácilmente, y aun así, no llegaba a ser molesta, al contrario, resultaba tan hipnótica como una buena y cara colonia de hombre.— Que gusto tenerte otra vez, Sahy — Dijo cariñosamente, extendiendo su brazo para enrollarlo en el de mi amiga; sus mejillas ligeramente sonrojadas bajo el pálido blanco de su piel, recordando a último minuto mi presencia — También me alegra mucho verte otra vez, Nao. Las extrañé demasiado.
Asentí en silencio, reprimiendo la incredulidad en mi rostro. Ese "Las extrañé demasiado" ; no se lo creía nadie. Se refería en todos los sentidos a la castaña.
— Kasia, si sabes que Saher no es un peluche abrazable, ¿Verdad? — Comentó divertida, Darla, auxiliando a la chica a su lado que pedía a gritos que la sacaran del abrazo exigente de la rubia.
— Lo sé, pero eso no impide que le demuestre mi afecto — contestó poco afectada por la petición de la peli rosada. Sin embargo, se enderezó, deshaciendo el agarre que ambas tenían para tomar un semblante afligido, sus labios se torcieron como muestra de incomodidad y todo el ambiente se puso raro en solo segundos. Scarlett, con todo y su timidez, tomó la iniciativa cuando aparentemente nadie iba a decir nada, encogiéndose ligeramente al ser el blanco de todas las miradas.
— Bueno... Emmm...— Su labio se apretó entre sus dientes al no saber cómo empezar la conversación. Elliot, con todo y su fachada de chico rudo, tomó su mano, deslizándola sobre la mesa para darle un apretón — Queríamos reunirnos, porque desde que se fueron han pasado cosas raras en la ciudad... Perdón, no sé cómo decir esto.
Se disculpó, respirando profundamente y girando el rostro hacia la ventana para evitar las miradas sobre ella. Darla suspiró, dejando el jugo que estaba tomando a un lado, dirigiendo nuestra atención ahora hacia ella.
— Seré muy sincera con ustedes — Declaró con delicadeza — Lamento darles esta noticia por la pérdida reciente que tuvieron, pero... Dalton y Alfred ya no están con nosotros. Los... los encontraron muertos hace unas semanas — La voz se le cortó al finalizar la oración y yo quedé tiesa en mi lugar, el estómago se me cerró de golpe por la noticia. Conocí a Dalton unos meses antes de que tuviéramos que regresar al pueblo, no compartí mucho con Alfred, pero sabía que Saher empezaba a sentir algo por él, y me preocupaba su reacción, todavía está afectada por la muerte de Jeremy, mucho más de lo que demuestra externamente. Saher entró en pánico, noté la agitación de su pecho.
— Saher— La llamé con urgencia, sus ojos miraban fijamente a la mesa, se estaba perdiendo en su propia cabeza y eso no era buena señal. La última vez que se puso así casi se corta las muñecas en su habitación; si me hubiera tardado unos segundos más en subir quizás no estaría conmigo ahora — Hey, Sahy. Mírame.
— Sácame de aquí, Noa. Necesito respirar — A pesar de lo baja que era su voz, la petición llegó clara y rápidamente a mis oídos, levantándome para caminar hacia mi amiga y tomarla de la mano. Elliot, junto a los demás salieron detrás de nosotras, ofreciéndose a llevarnos a casa, pero Saher no quería ir allí. La inspecciono con detenimiento, elevando su rostro carente de color con dos de mis dedos, sus labios temblaban y su respiración era agitada, casi como si hubiera corrido un maratón.
— Saher, respira, respira... Estoy aquí, todo va a estar bien — La abracé, permitiendo que enterrara su cabeza en mi pecho, conteniendo sus sollozos.
— Nada está bien, Nao — Musitó, aferrándose a mi blusa — ¿Qué mal he hecho para que todos a mi alrededor se desvanezcan?
Giré el rostro en busca de los chicos, haciéndole una seña para pedir un taxi, pero Kasia negó con notable inquietud, vagando entre la castaña y yo.
— Le avisaré a mi chofer para que venga a recogernos — Informó, acercándose a nosotras para acariciar la mejilla aún pálida con sus nudillos — Saher, por favor cálmate — Dijo con la voz baja para no alterarla de más, mi amiga respondió, inclinándose a su toque, haciendo sonreír fugazmente a la rubia — Eso, respira, sigue así. Iremos a casa de Scarlett para que puedas descansar un rato, ¿Si?
Saher asintió, entrando al auto luego de que llegara. Dejando que Kasia sostuviera a la castaña.