Aneska

Acaricio las teclas del piano con vehemencia, dejándome llevar por la melodía.

La pasión, la añoranza, la ansiedad, el júbilo, la locura, todo se mezcla hasta el punto en que mis manos se mueven solas, mis ojos se cierran y mi cabeza se sumerge en el recuerdo de una pequeña musa de cabellos dorados, ojos miel que arden en mi memoria con una ternura que desgarra y labios afelpados que añoran ser besados en silencio.

Es un ciervo inocente que espera ser cazado por lobos que se esconden tras pieles de cordero.

En esta misma casa, justo en donde mis antepasados han cortejado a sus amores.

Dentro de estas paredes están enterrados los recuerdos de una pasión desenfrenada, enfermiza y profana. Nuestra familia se ha dedicado a encarnar el pecado bajo este techo, generación tras generación. Este no es un hogar, es un altar.

Un templo oculto de ritos oscuros, donde nuestra familia ha celebrado el pecado como otros celebran la redención. Lejos del ojo público, de la mirada inquisitiva de la prensa y los moralistas, aquí se rinde culto a lo que la sociedad teme nombrar. Aquí se le da rienda suelta al demonio que todos llevamos dentro.

Hoy es el día en que la veré en persona, en que dirija sus palabras hacia mí después de diez largos años de espera. Mi alma vibra con cada acorde, la rapidez en mis dedos sobre el piano se intensifica por la emoción del momento, justo en la parte en la que pone mi nombre en su dulce boca.

Ah, qué afortunada ha sido Katrina al poder hablar con ella luego de tanto tiempo. Me muero por acariciar su cabello, por percibir el olor que desprende y ver ese brillo de vida en sus bellos ojos. Esta noche, mi hermana y yo la recibiremos como corresponde. La fiesta marcará su entrada a nuestra familia. Y una vez dentro, no habrá retorno para ella.

Nuestra pequeña flor echará por fin sus raíces junto a nosotros. Lentamente, hasta que se haya sumergido lo suficiente en la tierra.

Katrina Larkin, mi adorada hermana mayor, desciende por las escaleras con el porte de una diosa que pisa la tierra solo por capricho. Cada escalón que tocan sus tacones resuena como un eco ceremonial. No baja, se desliza, igual que una serpiente a punto de enterrar sus colmillos en alguna presa distraída.

El vestido negro que lleva precede a una catástrofe, abrazando su cuerpo como si hubiera sido cosido directamente sobre la piel y, entre los Larkin, eso no sería completamente una locura.

Mi hermana es una obra de arte andante, un mal presagio envuelto en curvas. Sus ojos, dos soles moribundos, apagados, brillan en su oscuridad con una inteligencia cruel, calculadora. Sus labios rojos incitaban al pecado, y su sonrisa, apenas embozada, era el beso final que cualquier pecador desearía antes de caer en el abismo.

No podía respirar, ¿Cómo podría? La vi bajar, tal como se ve caer una estrella negra del cielo, sabiendo que destruirá todo lo que toque, y aun así rogaría por ser la primera en ser alcanzada.

Mi hermana es la belleza encarnada. Un eclipse con forma de mujer, y al tener el mismo rostro, las dos juntas éramos un arma mortal. En ese instante supe que nadie saldría ileso de esta noche... al menos no nuestra Naomi.

— ¿En qué piensas, hermana? — Sus brazos me envuelven en un agarre sólido que hace detener cualquier movimiento. Mis manos caen sobre las teclas, dejando un sonido estridente, sin ritmo ni gracia, pero no protesto, al contrario, le contesto con la mayor sinceridad que tengo, mirándola directamente a los ojos.

— En lo magnífica que te ves esta noche — murmuró, casi acariciando esos labios que ahora muero por besar.

Ella me regala solo un tarareo, complacida por mis palabras e inclinándose más hacia mi rostro, regalándome una de esas miradas que quemaban despacio. Me envuelve lentamente en el terciopelo de sus palabras.

— Tú también te ves hermosa, hermana. Ese cabello recogido revela lo que otros no merecen ver — Exclamó, con una sonrisa creciente en su rostro. Sus uñas rascaban la piel blanquecina de mi barbilla y eso solo hacía que una corriente eléctrica me recorriera el cuerpo — Juro que si Atlas, o cualquier otro, te mira con lascivia, le arrancaré yo misma los ojos.

— Amaría ver eso — Susurré, prácticamente con sus labios sobre los míos.— Me encanta cuando defiendes tu territorio.

Era nuestro momento, podía sentir la tensión sexual envolviéndonos con cada palabra y, lo quería, quería que me tomara y fuéramos escaleras arriba para saciar nuestro deseo.

Pero los invitados empezaron a llegar, y la tía Evelyn también lo hará muy pronto, así que no sería bueno hacerla esperar para vernos.

Kasia todavía no ha despertado; la droga que Katrina le suministró todavía está en su sistema, aunque no debe faltar mucho para que el efecto desaparezca. Y en medio de todos mis pensamientos, un sonido en el fondo del pasillo me hizo volver a centrarme. Las risas y charlas de los primeros invitados comenzaron a escucharse.

— No hagamos esperar a la familia — Mi hermana me impulsó hacia arriba con una sonrisa torcida.— Ya sabes lo poco que les gusta llegar y no tener algo interesante que ver.

Parpadeé con inocencia.

— ¿Quieres que comience a sacar los juguetes? — Pregunté solo por diversión, sabía que aún era demasiado temprano para los entretenimientos, sin embargo, eso no fue impedimento para sugerirlo.

— No, no quiero asustar a nuestros invitados especiales esta noche. Cuando se hayan retirado, podremos comenzar con eso. Confío en que podrás ser paciente hasta entonces — Asentí, hipnotizada con su cercanía, su perfume me embriagó, era una droga potente que sabía muy bien cómo usar, su aroma dulzón contrastaba a la perfección con el ligero toque floral y ácido que lo acompañaba; se impregnaba en la piel, en la ropa, en todo lo que mi hermana tocara, dejando su marca, una cicatriz dejada en los sentidos de forma permanente.

Abrí mis brazos para recibir con calidez a uno de nuestros tíos más queridos: Tobías Gabriel Larkin, el hombre, tiene, al igual que mis otros parientes, un historial extenso. A simple vista parece un hombre encantador, todo un caballero, y de hecho, lo es. En sus tiempos cautivaba a todas las damas de la ciudad, pero ya el tiempo le ha pasado factura. Sus piernas se han cansado y su cuerpo ya no soporta su propio peso.

— Mis queridas sobrinas — Me recibió en sus brazos, y yo gustosa acepté, apoyando mi barbilla en su hombro mientras sus manos se cerraban en mi espalda — Hace años que no tenía el gusto de venir a esta casa. Ahora me doy cuenta de que había olvidado la sensación dentro de estas paredes.

— Nos complace mucho tu presencia esta noche, tío — Le di espacio a Katrina para que lo saludara apropiadamente, soltándolo y enderezando mi espalda para saludar a mis otros tíos.

— Tía Gabriela, tío Darius, es un placer verlos esta noche — Dije con calidez, abriendo nuevamente los brazos para recibirlos.

La mujer de cabellos oscuros fue fiel a su naturaleza, no dijo ni una sola palabra. Nunca ha sido de las que da grandes discursos, de hecho, son contadas con una mano las veces que la he escuchado hablar.

Su expresión era una máscara perfecta, dándome solo un movimiento de cabeza en respuesta, fue elegante y precisa. Darius fue el que habló, tomando la responsabilidad de decir algo para llenar el vacío de las palabras no dichas de Gabriela.

— Es bueno regresar a esta casa. Hay demasiados recuerdos aquí — Su voz era baja y medida, al igual que la sonrisa que me regaló mientras miraba a su esposa con una pasión reverencial en los ojos, antes de volver a mirarnos a mí y a mi hermana, que ahora se paraba a mi lado, en silencio.— ¿Dónde está mi sobrina, Aneska?

Sentí una chispa de tensión recorrerme la espalda. Era una pregunta inocente en apariencia, pero entre nosotros nada lo es. Mi tío sostenía mi mirada, sus ojos oscuros hacían contacto con los míos, esperando paciente mi respuesta.

— Está arriba — MI hermana tomó la conversación, regalando una sonrisa afilada — Despertará a tiempo para hacer su aparición.

— Bien. Sería una lástima que no pudiera disfrutar de la noche que ha sido preparada para ella.

Sus palabras quedaron flotando en mis oídos por un rato, hasta que la música comenzó a avivarse con la llegada del resto de invitados: Familiares y amigos íntimos de la familia. Solo faltaban unos cuantos, entre ellos mi pequeña flor y la tía Evelyn, pero la noche era joven y esto apenas comenzaba.

— Aneska, deberíamos ayudar a Kasia a prepararse. Los invitados han preguntado mucho por ella. No puede seguir durmiendo.

 — Oh, sería una lástima que mi hermanita se perdiera su fiesta de cumpleaños — Hice un ligero puchero, uno burlón. Tomé a Katrina del brazo, y con un suave tirón, subimos escaleras arriba para despertar a nuestra bella durmiente.

Sin embargo, la sorpresa fue notoria. Kasia ya estaba despierta y cambiada. Yacía frente al espejo, dándole delicadas ondas a sus hebras doradas que caían por sus hombros con una suavidad. Y el vestido le quedaba precioso, era de un azul profundo, como el cielo justo antes de la medianoche, adornado con bordados plateados. Parecía un ángel.

 — Kasia... Te ves hermosa — Chillé con la emoción arremolinándose en mi pecho, sonando más como un jadeo. 

Las mejillas de mi hermana se pintaron de un rosa brillante. Su pálida piel parecía resaltar entre la luz de la habitación, tal como brillan los diamantes al refractar la luz.

— Aneska tiene razón, Kasia. Te ves magnífica.

Estuve de acuerdo al instante con las breves palabras de mi hermana gemela.

Sin embargo, no había tiempo para tanta adulación, la familia esperaba, y no era buena idea hacer que se impacientaran demasiado. No permitiríamos que Kasia dejara esta noche una mala impresión, así que, con pasos rápidos, pero precisos, bajamos las escaleras, saludando cordialmente a todos los familiares que se aglomeraban para saludar con hipocresía a una de las integrantes más jóvenes de nuestra familia.

Un momento lleno de sonrisas ensayadas, comentarios dulces llenos de veneno, y anillos fríos que acariciaban con tacto fingido la piel de mi hermana menor. Kasia lo sabía, tenía claro en qué personas confiar dentro de nuestro círculo; aun así, era muy mal visto ser descortés, por ello se camuflaba detrás de una sonrisa tímida y un ligero sonrojo actuado.

— ¡Qué hermosa te has vuelto! —Murmuró uno.

— ¡Estaba deseando tanto verte de nuevo! —Susurró otro.

— ¡Te has convertido en toda una mujer, Kasia! —Exclamó alguien más, detrás de una copa de vino tinto.

Las luces doradas le daban vida al vestido de mi hermana menor a cada paso que daba.

La música del piano en el fondo del salón le daba aún más vida a su figura, y allí, en medio de la multitud, nuestra amada tía Evelyn la esperaba, observándola con fijeza. Sus ojos oscuros se clavaban como dagas ardiendo en adoración, con impaciencia y añoranza.

— Oh, tía Evelyn — Kasia exclamó, sacando el aire en un jadeo gustoso. Sus brazos envolvieron su cuerpo con fuerza, aferrándose a ella con un cariño innegable — Pensé que no vendrías.

La mujer de porcelana elevó su mentón con delicadeza, dejando un beso en su coronilla antes de soltarla.

— No me lo hubiera perdido por nada — Esa corta oración iba dirigida a las tres, a pesar de que solo miraba a la rubia. Lo sabíamos, no había necesidad de especificarlo.

 — ¿Para mí no hay un saludo? — Darius preguntó, con una media sonrisa en los labios. Nuestro tío la observaba como si sus ojos hubieran encontrado una joya antigua en el fondo del mar, una que no encontraría en ningún otro lugar.

Kasia no lo dudó, se abalanzó a sus brazos, siendo recibida también por Gabriela, quien sonrió después de años. Era la primera vez que la veía hacerlo. 

— Los extrañé mucho a los dos.

 Hasta ahora no sé cómo lo hacía, pero Kasia tenía la capacidad de alejar un poco la oscuridad de nuestras almas... Lamentablemente, esa oscuridad la alcanzó hace mucho. Conozco lo fuerte que es, y lo mucho que se resiste a ella, pero no puede luchar contra aquello que está en su sangre, fortaleciéndose como un parásito en su interior. 

Y en medio de eso, la vi. A una castaña rizada hasta los codos, a mi pequeña flor, abriéndose paso entre la multitud con el resto de sus amigos.

Tuve que girarme para no hacer nada precipitado. La emoción golpeaba mi pecho con la fuerza de un rayo. Quería correr hasta ella, quería acercarme, tocarla, hablarle, escuchar mi nombre en su boca y envolverme en su perfume y, fue una suerte que Katrina estuviera aquí para hacerme pisar tierra nuevamente, porque no sé qué hubiera hecho en ese instante.

Mi hermana recibió al grupo con amabilidad, tomándose el atrevimiento de detenerse a hablar con ella mientras mi cordura colgaba de un hilo; sus ojos me miraban con ese brillo malévolo que tanto conocía, le divertía la situación, le divertía mi desesperación. Lo hacía a propósito.

Mi pulso se congeló cuando Naomi hizo contacto visual conmigo. Fue apenas unos segundos, pero para mí fue mucho más.

— ¿Es esa la chica, Aneska? — Asentí sin despegar la vista de ellas. 

— Es ella.

Esperé con calma a que mi hermana se acercara con el grupo de chicos.

Naomi en particular se veía algo tensa por todos los ojos que estaban posados sobre ellos, pero no era para menos, deben estar ansiosos por conocer a nuestros misteriosos invitados. Aunque, a pesar de la tensión, una castaña avanzó con seguridad hasta Kasia, abrazándola y besando sonoramente su mejilla, a la vez que la felicitaba por su cumpleaños.

— Tíos, hermana. Ella es Saher — La alegría en la voz de mi hermana era evidente. La estaba presentando a los miembros más importantes de la familia. Eso es un gran avance, y me muero por hacerlo también.

— Saher, ella es mi hermana Aneska y mis tíos: Evelyn, Darius y Gabriela.

— Es un gusto — Admiré la confianza con la que hablaba, no titubeaba ni temblaba al extender la mano hacia nosotros. la presentación del resto del grupo fue breve, y Katrina parecía caminar extremadamente lento con Naomi a su lado, sumergida en una conversación bastante animada.

Los celos me atravesaron cuando vi un atisbo de sonrisa asomarse en la comisura de sus labios. Yo también quería hacerla sonreír, yo también quería hablar con ella, y mi hermana me lo estaba impidiendo.

— Hola — Sin poder más con la espera, me acerqué, notando por el rabillo del ojo la sonrisa socarrona dibujada en los rojos labios de Katrina. — Naomi, ¿Cierto?

La chica asintió con cierta timidez en el rostro, una timidez que la volvía mucho más apetecible. Era una pequeña flor que empezaba a florecer al borde de un barranco. Tan inocente que ignora por completo lo fácil que sería caer.

—  Sí, y tú eres Aneska, ¿Verdad? — Sus ojos se entrecerraron mientras su sonrisa crecía.

— Veo que mi hermana sí te ha hablado de mí. Espero que hayan sido solo cosas buenas.

— Ah... S-sí — Tartamudeó cuando el contacto visual conmigo se prolongó, haciendo una pausa antes de retomar la conversación — Creo que tu trabajo es fascinante, en serio.

Hice un ademán con la mano, restándole importancia. Teníamos cosas más interesantes de las que hablar esta noche.

— Me halaga saber que te gusta mi carrera, pero... — Vacilé, acercándome mucho a ella, hasta el punto de estar a menos de un metro de distancia. Su perfume era salvaje, olía a gloria, a desafío.

— Tenemos toda una noche para hablar de cosas más interesantes que mi trabajo. ¿No crees, Naomi? — Sin esperar respuesta, la agarré con suavidad de su muñeca, disfrutando en silencio de lo suave que era su piel. No disimulé mi intención, quería robarla de las garras de mi hermana. Ella ya había pasado suficiente tiempo con ella, ahora era mi turno — ¿Qué te parece si caminamos un rato por los jardines? Estoy segura de que no nos necesitarán por el momento aquí.

No era una pregunta en realidad, me la llevaría de una u otra manera. Podía ser muy insistente cuando me lo proponía, Katrina lo sabía a la perfección, y mi pequeña flor lo haría aprendiendo poco a poco.

— Claro, solo déjame... — No dejé que terminara. La arrastré hacia las puertas que conectaban al otro extremo de la casa, en donde las luces ambientaban aún mejor y la privacidad era mayor.

— Tus amigos estarán bien — Le expliqué — Necesito saber más de ti. Mi hermana me ha tenido intrigada por días enteros.

Era una mentira cruel, muy cruel. No estaba intrigada, estaba celosa por lo cerca que ha estado mi hermana de ella. Pero ahora es mi turno.

0 0 votes
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Oldest
Newest Most Voted