La mano de Gray seguía sobre mi pierna. Ese roce encendió cada rastro de mi piel. Me gustaba lo incendiaria que era, aunque mi corazón amenazara con salirse de mi pecho. Sentía las mejillas arder, pero me mantuve inmóvil, casi sin respirar.
De repente, el sonido de la puerta al abrirse nos hizo sobresaltar.
Mi mente corrió a mil por hora, pensando en la vergüenza de que nos encontraran en esa situación. Pero Gray ni se inmutó: permaneció totalmente serena.
Era Zafiro. Se detuvo en seco en el umbral; sus ojos recorrieron la escena: yo acostada, las piernas ligeramente abiertas, Gray casi sobre mí y su mano descansando sobre la parte interna de mi muslo.
Gray tardó una eternidad en retirar la mano. Lo hizo con una lentitud que sentí como una caricia final, rozando mi piel antes de apartarse. Tuve que morder el labio inferior para contener esos gemidos, o lo que sea que se me escapa cuando ella me toca así.
—Qué escena tan interesante —dijo Zafiro con un tono grave que cortó el silencio—. Más interesante que la primera vez que las encontré: una sentada en una silla y la otra casi encima.
Gray se levantó con una calma tan insultante que me dio escalofríos.
—Ambas situaciones eran interrogatorios —respondió con voz suave—. Tengo mis métodos, Zafiro. Es lógico que aproveche las debilidades ajenas.
Zafiro arqueó una ceja, sin creerse ni una sola palabra. Y lo peor era que era verdad: en ambos casos Gray había estado tratando de arrancarme una verdad.
Gray se giró hacia mí; yo seguía allí, temblando. Zafiro la miró entrecerrando los ojos: su juicio era evidente. Pero en un instante, su atención se desvió hacia el cuaderno que yo mantenía escondido entre mis brazos.
—¿Es tuyo, Nessy? —preguntó, con la curiosidad claramente dibujada en su rostro.
—Sí —logré articular.
Al fin y al cabo, Zafiro no sabía nada, ¿verdad?
Gray volvió a mirarme y sonrió, con esa misma calma que había irritado a su prima. Yo solo pude apretar más el cuaderno contra mí y bajar la mirada, sintiendo el peso de ambas sobre mi cuerpo.
Zafiro parecía muy sorprendida. ¿Había visto los dibujos? Maldita sea, lo que me faltaba.
—Eh —Zafiro desvió la mirada hacia afuera—. Mafe y tu mejor amiga quieren verte.
Sonreí, pero en ese instante Gray se marchó de inmediato. No dijo nada, simplemente se fue, dejándome sola con mis nervios y mis secretos.
En cuanto Gray salió, aparecieron Mafe y Sol; el rostro de mi amiga reflejaba una preocupación total.
—¡Amiga! —exclamó Sol, como si su alma acabara de regresar a su cuerpo—. Me preocupé muchísimo por ti.
El hecho de que sus padres me odien y aun así ella se esfuerce por estar a mi lado, me llena el corazón.
—¿Cómo te sientes, Nessy? —preguntó Mafe con esa voz siempre cariñosa, tan característica en ella.
—Solo me duele un poquito la cabeza, pero estoy bien —susurré, agradeciendo que Zafiro hubiera entrado primero y no Mafe.
Mafe habría reaccionado de forma exagerada con Gray, y eso la habría irritado.
—¿Cómo me encontraron? —pregunté, aún confundida.
—Fue Gray quien te encontró —explicó Mafe—. Llamó a Zafiro porque no volviste a la hora exacta que habías dicho; Zafiro me llamó a mí y yo llamé a Sol. Como tu mejor amiga no sabía dónde estabas, nos preocupamos y fuimos a buscarte cerca del estadio y al lugar donde Gray había dejado a tu hermano la última vez.
¿Gray se preocupó realmente por mí o simplemente le molestó mi tardanza? Decidí quedarme con la primera opción. Me hizo feliz pensar que había un sentimiento detrás de su actitud.
Sol, sin embargo, me miró fijamente durante varios segundos; sus ojos analizaban cada rincón de mi rostro.
—¿Por qué estás tan roja? —preguntó de repente.
Dios mío: hasta me ponía roja el simple recuerdo del tacto de esa mujer.
—Quizás fue por todo lo que pasó con ese indigente —mentí, aunque sabía que Zafiro ya conocía la verdadera razón.
Sol no le dio importancia a mi respuesta y se sentó a mi lado. Yo me distraje: había una conversación en un rincón de la habitación.
Sol notó mi atención y bajó la voz, con prudencia, para que pudiera escuchar.
—¿Qué pasa con Gray? —preguntó Zafiro—. No se han dirigido la palabra.
Mafe suspiró antes de contestar.
—Ya la conoces —respondió—. Fue ella quien decidió ponerse distante conmigo. Pero no te preocupes, no es grave.
Me pregunté qué había pasado entre Gray y ella, dos mejores amigas. ¿Por qué se habían dejado de hablar?
—Se arreglará —dijo Mafe con calma—. No es la primera vez que Gray se aleja. Lo sabes.
Espero que lo solucionen. Es obvio que Mafe quiere mucho a Gray, y sé que muy en el fondo, Gray también la quiere.
Después de unos minutos, el dolor de cabeza regresó, aturdiéndome. Intenté ocultarlo, pero fallé, y nadie lo pasó por alto.
Inmediatamente, y sin pedirme opinión, decidieron que debía descansar. Me arroparon, acomodaron mi almohada y apagaron la luz. Pero no me dormí de inmediato: al contrario, me quedé escuchando lo que decían a mi alrededor.
—Tiene un cabello muy lindo —dijo Sol, probablemente dirigiéndose a Zafiro.
—El tuyo es más natural, más cuidado —respondió Zafiro, con su habitual encanto.
Luego hablaron de lo caros que eran los productos para el cabello rizado y de otras cosas que dejé de escuchar poco a poco.
Me quedé dormida, con la mano sobre la zona que Gray tocó… todavía ardía.
La tensiooon