GRAY

Tenía a ese hombre ya completamente a mi merced. Estaba tendido en el suelo, con las manos extendidas a los costados, exhausto y al límite de sus fuerzas, pero todavía vivo. Me gustaba ver el miedo que se reflejaba en sus ojos vidriosos, ese instante en que sabían que ya no tenían ninguna oportunidad de sobrevivir. Me imaginaba que así debió haberse sentido la mujer que él mató, la madre de su propia hija.

Sostuve el cuchillo con un pulso firme y localicé su débil pulso en el cuello. La arteria carótida, esa misma que lleva sangre al cerebro, ese órgano que él parecía haber usado tan mal. Esa misma es la que voy a atravesar. Hasta para asesinar se necesita saber de anatomía.

Así que descargué mi mano con toda la ira acumulada que había guardado contra él desde que me enteré de los detalles del caso. El impacto fue seco y definitivo. Mantuve la mano allí durante varios segundos, sumergida en la furia, en el justo final.
De repente, la puerta se abrió con un chirrido. No me moví. Me quedé allí, inmóvil, en la quietud de mi acción.

—¿Ya, no? —dijo Daniel con una calma exasperante—. ¿Vas a revivirlo y matarlo de nuevo? Levántate y déjame desaparecerlo.

Levanté la mirada apenas y allí estaba Daniel, vestido con ropa quirúrgica: bata blanca, guantes, tapabocas y gorro. Listo para la limpieza.

—Espero que no lo hayas maltratado mucho —me dijo con un tono de fastidio.

Retiré el cuchillo con una lentitud controlada y deliberadamente exasperante para él. Posteriormente, me puse de pie, sin prisa, y dejé caer el cuchillo ensangrentado al suelo con un sonido metálico y resonante.

—Ahí está tu cadáver —dije finalmente.

—Bien, ve a lavarte las manos y la cara —me pidió, sin mirarme, ya enfocado en el cuerpo—. Yo me encargo del resto.

Ya sabía lo que haría él a partir de ahora: el cuerpo desaparecería sin dejar rastro, pero no dejaría de ser útil. Y también sabía lo que yo haría a partir de este preciso momento: esconderme.

Siempre me escondo una noche antes de mi cumpleaños. Desaparezco durante una semana porque detesto que lo celebren. Incluso pagaría un hotel de mala muerte en el fin del mundo para que nadie supiera dónde estoy. Apagaré el teléfono y mantendré comunicación cero con todas las personas durante los siguientes días.

Solo había una cosa que me tenía el estómago revuelto y el corazón encogido: la idea de que Ángel, el hermano de Nessy, tuviera una cercanía enorme con Gerardo. Y eso era un presagio oscuro. Y ese parecido físico entre Ángel y el esposo muerto de Julia ya me helaba la sangre.

Me da pánico investigar algo que sé que va a romperme, pero necesito descartar que Nessy y Ángel sean los hijos de Julia. Necesito saber la verdad o mi cabeza va a estallar.

Porque, si lo son, entonces el error que estoy cometiendo al enamorarme de Nessy sería catastrófico, imperdonable. La destruiría a ella y me destruiría a mí en el proceso.

—Si lo confirmo, tendré que terminar esto —pensé, y la frase me quemó en el pecho. Era una herida abierta—. Cortar la relación antes de que el daño sea permanente.

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Mar luna
13 days ago

No gray no la alejes 🥺