Nessy

Miraba a mi preciosa Gray resolviendo todo con una calma que solo ella podía mantener. Hablaba con el oficial como si le estuviera dando una clase magistral sobre leyes y procedimientos, y lo peor es que él asentía como si de verdad la entendiera.

Ni yo terminaba de comprender todo lo que decía, pero sonaba jodidamente inteligente.

Dios, ¿soy la única que piensa que la inteligencia es jodidamente sexy?

Mientras tanto, yo seguía congelándome en ese asiento de metal. Me abrazaba a mí misma tratando de no temblar, cuando escuché su voz:

—Ness —dijo Gray.

Levanté la mirada y la vi extenderme su chaqueta.

—Abríguese —ordenó, pero con esa suavidad que derretiría cualquiera.

No iba a negarme. Además, la chaqueta olía a ella. Y eso, sinceramente, era un regalo que el universo me debía.

Cuando volví a mirar hacia adelante, Gray ya estaba junto a Zafiro y Sol, que se sostenían la una a la otra mientras esperaban.

—Par de borrachas —murmuró Gray entre dientes—. Vámonos ya.

—No estamos borrachas —dijo Sol, riendo tanto que casi pierde el equilibrio.

—Claro —respondió Gray, rodando los ojos—. Pues caminen hasta el carro sin irse de jeta.

Pero, obviamente, no caminaron. En lugar de eso, se quedaron quietas y empezaron a coquetear.

—Tienes las pestañas más bonitas del mundo —dijo Zafiro con voz pastosa pero tierna.

Sol se rió y se acercó más.

—Y tú tienes una nariz adorable, me dan ganas de pellizcarla.

—Pruébalo —susurró Zafiro, inclinándose aún más hacia ella.

Gray y yo las observábamos sin dar crédito.

—¿Sabes qué? —dijo Sol, recorriéndola con la mirada—. Si te arrestaran, al menos saldrías increíble en la foto de la ficha policial.

Zafiro sonrió, arqueando una ceja.

—¿Ah sí? ¿Eres experta en criminales guapas o solo me lo dices para ligar?

—Un poco de ambas —respondió Sol, acercándose descaradamente.

Gray alzó las cejas y yo me mordí el labio para no soltar la risa.

Zafiro rió también, bajando la mirada pero con ese brillo travieso en los ojos.

—Eres peligrosa.

—Solo cuando me retan —susurró Sol, alzando una mano para rozarle la mejilla.

Zafiro se quedó quieta, mirándola.

—¿Y si no te detengo?

—Entonces vas a tener que besarme —respondió Sol con una sonrisa tan descarada que hasta el policía más cercano tosió, incómodo.

El alcohol hace cosas raras con la gente.

Zafiro soltó una carcajada, se acercó aún más y le rozó la nariz con la suya.

—No creo que tengas los reflejos para eso.

—Pruébame.

Y ahí estaban, a centímetros la una de la otra. El aire entre ellas se sentía denso, cargado, casi eléctrico.

Sol le acarició la mejilla con el pulgar, despacio, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Zafiro le tomó la mano y la llevó a sus labios, besándola apenas.

—Qué ridículo —soltó Gray, tras un suspiro teatral.

Yo tragué saliva. Gray cruzó los brazos con una expresión que decía «no pienso mirar esto», pero no apartó la vista.

Y entonces sucedió.

Zafiro la besó. Primero despacio, tanteando, luego con más firmeza, con una sonrisa escondida en medio. Sol le respondió como si lo hubiera estado esperando desde hacía meses.

Fue un beso dulce, torpe por el alcohol, pero increíblemente tierno. De esos que nadie planea, pero que se quedan grabados en la memoria.

Cuando se separaron, Sol le pasó un dedo suavemente por los labios y susurró:

—Definitivamente valió la pena que me detuvieran contigo.

Gray exhaló, cansada pero sin verdadero enfado.

—Perfecto, todo por algo que no van a recordar cuando estén sobrias.

Yo solo reí bajito.

—Admítelo, Gray. Fue lindo.

—Fue patético —corrigió ella, pero el leve sonrojo que le subió a las mejillas la delató por completo.

Gray caminaba delante, con paso firme, mientras Zafiro y Sol apenas podían mantenerse en pie.

Yo iba a su lado, intentando no tropezar, y sin saber muy bien cómo, terminé buscando su mano. Al principio fue un roce tímido, casi accidental. Pero ella me miró de reojo, sin decir nada, y entrelazó sus dedos con los míos.

Su piel estaba tibia y suave. Y en ese instante supe que no quería soltarla nunca.

—¿Va a llevarlas a su casa? —pregunté.

—Vamos a lo de siempre. Y deje de tratarme de «usted».

Sonreí, porque eso para mí significaba muchísimo.

—Tal vez me acostumbre a eso —dije, intentando sonar despreocupada aunque mi voz tembló un poco—. A hablarte así.

Sus labios se curvaron más, y su pulgar acarició despacio el dorso de mi mano. El aire entre nosotras cambió, se volvió más suave, más nuestro.

Zafiro y Sol, por supuesto, eligieron exactamente ese momento para tropezar y caerse juntas justo al lado de la camioneta.
Gray soltó una carcajada y yo no pude evitar reír también. Pero cuando volví a mirarla, su sonrisa se suavizó por completo y sentí que el mundo se detenía un instante.

Quería quedarme ahí, congelada en esa calma. Pero la verdad no se detiene, y Mafe no esperaría para siempre. Sabía que tenía que hacer algo.

Pensé en mi padre, en la casa vieja, en las respuestas que quizás estaban escondidas allí.

Y, por un segundo, sentí miedo.

Porque sabía que cuando todo saliera a la luz, muchas cosas podrían romperse.

Tal vez lo que une a Gray con mi pasado, tal vez mi propia esperanza, tal vez esto que apenas está empezando a crecer entre nosotras.

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Mar luna
14 days ago

Jaja que chistosas

Vero
2 days ago

Hasta que se besaron