Naomi

A pesar de estar con las chicas, mis ojos no pueden cerrarse y no es nuevo para mí, el insomnio es algo recurrente en mi vida; antes Jeremy me ayudaba a dormir, su compañía lograba tranquilizar mi paranoia, pero ahora que no está, se ha vuelto difícil dormir, de hecho, me aterra hacerlo.

Me han dicho que son las secuelas de mi obsesión por sentir ojos invisibles sobre cada uno de mis movimientos a todas horas, papá y mi hermano han insistido para que vaya a un psiquiatra miles de veces, algo que creo que es innecesario, no estoy loca, no necesito de la ayuda de ningún profesional. Temo acostarme y despertar atada a la cama o que una de esas pesadillas que atormenta mi cabeza en la que un extraño entra a mi casa en medio de la noche y me secuestra mientras aún duermo se haga realidad; me han dicho que soy una exagerada, y sinceramente espero que solo se quede en una exageración.

Me hundo más en el material acolchado de la almohada, suspirando mientras observo el techo de la habitación, la luz de la calle me brinda un poco de claridad, una muy tenue, pero algo es algo a fin de cuentas.

Contar ovejas claramente no funciona, cerrar los ojos y esperar a que Morfeo me reclame tampoco, así que me levanto, haciendo el menor ruido posible; piso el suelo alfombrado con la punta de mis pies, haciendo el intento de que mi año como bailarina sirva para darle un toque de delicadeza a mis pasos torpes, y al parecer funciona, mis pies tienen la ligereza de una pluma al llegar a la puerta de la habitación, enrosco mis manos con lentitud, abrazando el metal con las yemas de mis dedos y lo giro para salir de ahí, el corredor me recibe y avanzo con más tranquilidad, permitiendo que la pesadez en mi respiración se disipe, llego a la cocina, tomo un vaso de la encimera y me sirvo un poco de agua.

— ¿No puedes dormir?

La voz me espanta, haciéndome brincar en mi lugar, mi pulso tiembla por el susto y es prácticamente una lucha no atorarme con el agua que ya viajaba por mi garganta. Enfoco la vista, detallando entre la oscuridad el cuerpo alto y atlético de Elliot, era prácticamente un milagro que estuviera aquí a esta hora.

— Mierda, Elliot. ¿Quieres matarme de un susto?

Por el bien del vaso de cristal, lo dejé sobre la mesa aun con el agua que iba a tomarme. La sed se me fue con el susto. Mis nervios aumentan mucho en la noche.

— Lo siento, vaquera. Pensé que era el único que no podía dormir — Se disculpó, apoyando la parte inferior de su cuerpo en la barra de la cocina, sus manos se ajustaron a sus laterales y permaneció allí, viéndome con fijeza, en silencio. Viajé por la zona sur de su cuerpo, entre los músculos bien formados de su abdomen, arrugando los labios al notar los moretones expuestos como trofeos en su piel.

— Te has metido en esas peleas otra vez — Afirmé, rompiendo la distancia entre nosotros. Elliot no dijo nada, se mostraba tan inexpresivo como siempre.

Mis dedos pasaban por los hematomas con sutileza, por el color sabía que eran recientes, el morado oscuro tirando a un tono verdoso me preocupaba, me negué a evaluar a fondo los golpes, no tenía ninguna clase de conocimiento médico, ni siquiera lo básico, pero dudo que haya buscado la ayuda adecuada — Habíamos hecho un trato antes de irme — Le recordé con cansancio, dejando que mi resoplido inundara la cocina. Me alejé, dejando de invadir su tan preciado espacio personal.

El chico bufó, manteniendo su postura gélida.

— No siempre los tratos se cumplen.

— ¿Eso es lo que te dice tu jefe? Elliot, eres más que esto — Señalé con mi mano su cuerpo lleno de golpes, hago el esfuerzo de no juzgarlo, de no sonar brusca ni hacer que se sienta criticado, pero no lo entiendo, quisiera hacerlo, pero se encierra en su maldito cuarto de seguridad cada vez que trato de hablar con él — ¿Por qué no lo has dejado aún? Vas a terminar muerto uno de estos días.

— ¿Crees que es fácil? — Rugió, avanzando a zancadas hacia mí, sus músculos estaban tensos y su mandíbula apretada, tanta era la fuerza que ejercía en su mandíbula que pensé que quebraría sus dientes — No puedo salirme de la noche a la mañana, Naomi. Estoy metido en esto hasta el fondo, ¿Si entiendes eso? — Gruñía cada palabra como un verdadero animal, su respiración golpeaba en mi rostro con lo cerca que estaba, pero no retrocedería, no le tenía miedo a él, aun cuando sus ojos eran llamas llenas de furia dirigidas a mí.

— Nunca lo dejaste, ¿Cierto? — Uní los puntos, sintiéndome engañada — Los meses en lo que me decías que ya estabas libre de eso, todo fue una mentira. Preferiste mantenerme engañada antes que decirme la verdad.

— ¿Y qué querías que hiciera, Naomi? — Preguntó colérico — Seguías presionándome para que saliera de ahí que...

— Yo no te estoy presionando, solo quiero lo mejor para ti y para Scarlett. ¿Cómo crees que tomará el hecho de que su novio desaparece gente? No quiero que ella tenga esa vida, Elliot — Lo hice a un lado, pasando al lado opuesto del pequeño espacio en el que estábamos los dos — Tampoco tú, ¿Qué harás cuando ellos ya no te necesiten o si la policía te atrapa disolviendo un cuerpo en ácido? El único perjudicado serás tú — Solté las verdades que no aceptaba, tapando mis ojos por la misma frustración — Por el amor de Dios, soy prácticamente una cómplice al saber esto y no entregarte a la policía, no quiero ir a la cárcel, ¿Por qué tenías quecontármelo, Elliot?

Me lanzó una mirada furiosa desde la distancia, sus nudillos se blanquearon por la presión que sus dedos ejercían en la madera. Quería estrangularme, lo veía en sus ojos, en la manera en la que se brotaban las venas de su cuello, en su postura, en absolutamente todo.

— ¿Quieres entregarme a la policía, Nao? — Ese tono bajo removió algo dentro de mí, el peligro era latente— ¿En serio vas a hacerlo?

— No — Respondí, apartando la delgada tela de miedo que me cobijaba, porque si mi voz temblaba sembraría la duda en él — Hace casi un año que lo sé y no tengo intención de hacerlo, pero no debiste meterme en eso. Fue un acto muy egoísta de tu parte contármelo.

— Ya te he dicho que lo siento. Estaba borracho.

— Tus "Lo siento" no arreglan las cosas — Exclamé, soltando las palabras con una risa nerviosa — Nunca te he preguntado esto por miedo a la respuesta, pero, ¿Qué pasó por tu mente la mañana siguiente, cuando recordaste lo que me habías dicho?

— Pensaba matarte — Me confirmó lo que ya sabía, lo sabía muy bien.

— ¿Y por qué no lo hiciste? Y no trates de decir que, por nuestra amistad, porque no me tragaré ese cuento. El que venga de un pueblo no me hace estúpida, sé muy bien cómo funcionan estas cosas, cualquiera con neuronas lo sabe — Quizás me estoy atando la soga al cuello, pero quiero saber.

— No te veo como una amenaza, Naomi. Puede ser que por esa misma razón me desahogué contigo, esa es la verdad.

— No te creo.

Se encogió de hombros, pasando a mi lado.

— Si me crees o no, es tu problema, Nao. Descansa lo que queda de la madrugada — Siguió su camino, deteniéndose en la mitad del pasillo — Evita los muertos a partir de ahora, Naomi. No sabemos hasta dónde puede obsesionarse la muerte.

Entrecerré mis ojos al no entender lo que quería decirme, sus palabras eran confusas, ¿A qué se refería con que evitara a los muertos? No fue una amenaza, no sonaba como una, más bien, por el tono que usó, sonaba a un consejo mezclado con un juego de palabras.

Quería preguntarle, pero su puerta estaba cerrada y no quería despertar a Scarlett solo para bombardear con preguntas al boxeador, lo mejor ahora sería esperar hasta mañana y ver si está dispuesto a explicarme lo que sea que me quiso decir, porque no entiendo absolutamente nada y me estoy rompiendo la cabeza tratando de llegar a algo que ni siquiera entiendo.

¿Cómo puedo evitarla cuando he estado expuesta a ella desde los diez años? Primero fueron mis mascotas, luego desaparecieron tres de mis compañeros cuando era solo una niña y francamente, encontrar a uno de los cuerpos de tus amigos de primaria mientras montaba a caballo fue una experiencia bastante traumática, no he vuelto a esa zona desde entonces, incluso al empezar mis clases en la universidad, una chica se suicidó arriba de nuestro antiguo apartamento, aún recuerdo sus pies golpeando la ventana de mi habitación, ahora lo de Jeremy, lo de Dalton y su amigo... Sí, no veo cómo evitarlo cuando sospecho que ya se ha encariñado conmigo.

Esas son cosas que no le pasan con frecuencia a las personas normales, sé que hay muchas más como yo, pero, ¿Tantas muertes de personas y animales que me rodean en diez años? Saher y yo definitivamente hemos roto un récord inexplicable. No veo cómo pueda dormir ahora, el poco sueño que tenía se ha perdido y no creo encontrar las fuerzas ni las ganas para buscarlo de nuevo, en su lugar rebusco en los cajones, rogando para que aparezca una papeleta de café instantáneo o en su lugar, una bolsa de café listo para colar y... Bingo, objetivo encontrado. Hierbo el agua y abro la papeleta para echarla al fondo de la taza; una cucharada de azúcar, cinco minutos después y ya tengo una bebida humeante lista para deleitar mi paladar, el olor del café recién hecho hace cosquillas en mi nariz, no es tan bueno como el que se cuela, pero cumple la misma función, así que no puedo quejarme.

Me siento en el mesón de la cocina en completo silencio, tomando de a pequeños sorbos mi café. El sonido del reloj en la pared me atormenta, el tic tac que hace alterar mis nervios. Dios, odio esas cosas, pero no dejo de ver la hora, siguiendo en varias ocasiones la manecilla pequeña en su recorrido por los números, porque no tengo nada mejor que hacer, Se supone que el lunes retomaré mis clases, entraré de nuevo en mi rutina de estudiante promedio: Hola estrés, hola exámenes y hola de nuevo a los profesores que seguramente no recuerdan mi nombre; si soy sincera, yo tampoco lo recordaría, son contadas las veces que alcé la voz para compartir algo con la clase o para responder alguna pregunta que no me fuera exigida.

Era la mayor parte del tiempo un fantasma, y eso me gusta. Aparte de los lazos de amistad que ya he hecho, no tengo intención de conocer más gente en mi vida.

Soy... algo parecido a un imán de la mala suerte.

La mayoría de las personas con las que interactúo demasiado desaparecen o simplemente se van, porque empiezan a pasar cosas malas a su alrededor.

Me frustra pensar que le he pasado también mi mala suerte a Saher; antes de mudarnos juntas a la cuidad todo estaba bien, pero luego empezó a sentir las miradas y su mundo comenzó a oscurecerse poco a poco.

Me siento culpable por todo lo que ha pasado, y ya no sé qué hacer. Cuando la vi con la cuchilla a punto de cortar su muñeca temblé, me negaba a perderla a ella, no soportaría asistir a otro funeral; solté lo que llevaba y solo corrí, arrebatándole esa cosa de las manos. Fue un movimiento tan tosco que todavía no sé cómo llegué a cortarme yo, pero lo importante era que Saher estaba bien, en ese momento la sangre de mi mano no me importaba. Esa noche lloré como nunca lo había hecho, me hizo recordar todo de golpe, las emociones se mezclaron en mi pecho, tostando mis cables: La impotencia, el dolor, la pérdida, el sabor amargo que te dejan los recuerdos de una persona que no volverás a ver, todo eso me abrumaba.

Y lo peor es que todavía lo hace, pero tengo que seguir con mi vida, porque me detengo yo, no el resto del mundo... Es cruel decirlo, incluso oírlo, muchos podrían tacharme de insensible, pero es la realidad.

Así funcionan las personas, así funciona todo nuestro entorno.

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